A finales del siglo XII, el peregrino que llegaba enfermo a Jerusalén podía acudir Hospital de San Juan y encontrarse con algo sorprendentemente parecido a un hospital: médicos, medicamentos, camas individuales con su propia ropa, alimentos específicos para los pacientes y asistencia durante la noche.
La escena obliga a revisar una imagen muy arraigada sobre las Cruzadas y las órdenes militares. Antes de las fortalezas, las galeras y los caballeros armados estuvo el hospital. Y antes del caballero estuvo el peregrino.
Los orígenes precisos de la que hoy conocemos como Orden de Malta todavía plantean preguntas a arqueólogos e historiadores. En la segunda mitad del siglo XI ya existía en Jerusalén, en las proximidades del Santo Sepulcro, una comunidad latina vinculada a un hospital destinado a recibir peregrinos, pobres y enfermos. La conquista cruzada de la ciudad en 1099 es posterior a la existencia de este hospital.
En 1113, la bula Pie postulatio voluntatis del papa Pascual II reconoció jurídicamente el Hospital de Jerusalén, confirmó su autonomía y vinculó sus bienes a las necesidades de los peregrinos y los pobres. En aquel documento no aparece todavía una misión militar.
De los Hospitalarios a la Orden de Malta

Conviene aclarar en este punto una cuestión de nombres. La Orden de Malta no nació en Malta. La comunidad surgida alrededor del Hospital de San Juan fue conocida inicialmente como la Orden de San Juan o de los Hospitalarios. Sus miembros serían llamados Caballeros Hospitalarios cuando poco a poco, junto a su carácter religioso y asistencial, incorporaron progresivamente funciones militares.
Malta llegaría mucho después. La propia geografía permite seguir la historia de la institución: Jerusalén, Chipre, Rodas y Malta, hasta su establecimiento definitivo en Roma en el siglo XIX. Tras instalarse en Rodas en 1310, sus miembros fueron conocidos también como Caballeros de Rodas. En 1530, Carlos V les cedió Malta, y de aquella larga etapa procede el nombre con el que hoy son generalmente identificados. Su denominación oficial —Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta— conserva precisamente la memoria de ese itinerario.
Entenderlo ayuda a ordenar nueve siglos aparentemente contradictorios. Primero hubo una comunidad hospitalaria; después se convirtió también en orden militar; más tarde gobernó territorios y mantuvo una flota; y, tras perder Malta, volvió a concentrar sus energías en la asistencia médica, social y humanitaria. Las formas cambiaron, pero el hilo conductor reaparece una y otra vez: atender y proteger a quien emprende un camino y se encuentra en situación de vulnerabilidad.
Cuando proteger significó también defender
Peregrinar en la Edad Media suponía asumir riesgos considerables. Enfermedades, hambre, accidentes, dificultades para encontrar alojamiento y violencia podían convertir el viaje en una experiencia peligrosa.
Durante el siglo XII, la función de los Hospitalarios comenzó por ello a ampliarse. A la atención de pobres y enfermos se añadió gradualmente la defensa de establecimientos, territorios, caminos y viajeros. La historiografía especializada sitúa hacia mediados de ese siglo su clara transformación en una orden que combinaba funciones hospitalarias y militares.
Podría resumirse así: primero protegieron al peregrino cuando llegaba; después comenzaron también a protegerlo mientras viajaba.
Tras la pérdida definitiva de Tierra Santa en 1291, esa relación con las rutas no desapareció. Después de un periodo en Chipre, la Orden se instaló en Rodas. Allí convivieron fortaleza, puerto, hospital y espacios destinados a alojar viajeros. Rodas no era solamente un territorio que había que defender: era también una escala en los movimientos de peregrinos por el Mediterráneo oriental.

Malta: cuando la hospitalidad se convierte en sistema sanitario
En Malta, desde 1530, la dimensión política y militar alcanzó su máxima expresión. El Gran Asedio de 1565 y las fortificaciones de La Valeta dejaron una imagen tan poderosa como potencia militar, que a menudo oscurece la otra mitad de la historia: los Hospitalarios continuaron construyendo y administrando instituciones sanitarias, como la Sacra Infermeria de La Valeta.
Todo cambió de nuevo en 1798, cuando la Orden perdió Malta. Tras décadas de incertidumbre se estableció definitivamente en Roma en 1834. Desaparecieron el territorio, las fortalezas y la actividad militar propia de una potencia mediterránea.
La Orden de Malta volvió a centrarse en la asistencia sanitaria y social. Y con ella regresó también, bajo formas nuevas, una figura presente desde el comienzo: el peregrino.

El Camino de Santiago: la asistencia sale al camino
Pocas peregrinaciones permiten comprender mejor esta evolución que el Camino de Santiago. Aquí el trayecto importa tanto como el destino. Durante cientos de kilómetros, el peregrino depende de caminos, hospitales, albergues, comunidades y personas que hacen posible la marcha.
Los Hospitalarios tuvieron una presencia importante en la Península Ibérica durante la Edad Media, posiblemente entre los siglos XI y XII. La relación contemporánea con el Camino es mucho más concreta. Según la información sobre peregrinaciones de la Orden, su asociación española mantiene albergues en Cizur Menor, en Navarra, y Villalcázar de Sirga, en Palencia, reformados para recibir también a personas en silla de ruedas.
La institución participa además, mediante un acuerdo con el Arzobispado de Santiago de Compostela, en un puesto de atención a peregrinos en la última etapa del Camino.
La comparación con Jerusalén resulta sugerente. Allí, hace nueve siglos, el peregrino enfermo acudía al hospital. En el Camino contemporáneo ocurre también el movimiento contrario: la hospitalidad sale al encuentro del caminante.
Muchos caminos, una misma hospitalidad
Santiago no es una excepción. La actividad de la Orden dibuja hoy una especie de mapa internacional de asistencia vinculada a peregrinaciones.

En Fátima, miembros y voluntarios mantienen servicios de primeros auxilios en seis puntos de un itinerario de unos 130 kilómetros. En Croagh Patrick, Irlanda, el cuerpo de ambulancias de la Orden presta asistencia a los peregrinos desde 1943. En Walsingham, Inglaterra, se acompaña desde hace décadas a personas enfermas. Y en la peregrinación de enfermos a Guadalupe, en México, se utilizan autobuses adaptados, ambulancias, servicios médicos y personal especializado.
Lourdes representa probablemente la expresión contemporánea más completa de este modelo. La peregrinación internacional de la Orden comenzó en 1958, pero su singularidad no reside simplemente en trasladar enfermos hasta un santuario. Todo el viaje se organiza alrededor de su acompañamiento.
La dimensión de la operación puede medirse en cifras. En la 68.ª peregrinación internacional, celebrada del 1 al 5 de mayo de 2026, participaron unas 7.500 personas procedentes de 44 países, entre ellas alrededor de 1.300 enfermos y personas asistidas, 450 médicos y profesionales sanitarios y 282 religiosos.
Médicos, enfermeros, cuidadores, voluntarios, transporte adaptado y equipos logísticos viajan junto a quienes necesitan asistencia. Jerusalén tenía un hospital que esperaba la llegada de peregrinos. Lourdes parece invertir la imagen: el hospital se pone en camino.

De la escolta armada a la diplomacia humanitaria
La última transformación conduce, paradójicamente, de nuevo a Tierra Santa.
La Orden mantiene hoy una posición diplomática internacional singular y presenta esa capacidad como un instrumento para facilitar su actividad asistencial. En enero de 2024, al dirigirse a sus representantes diplomáticos, el papa Francisco utilizó precisamente la expresión «diplomacia humanitaria» y definió las embajadas de la Orden como canales para su acción religiosa y caritativa.
Ese mismo año, el Patriarcado Latino de Jerusalén y la Orden pusieron en marcha una intervención conjunta destinada a proporcionar alimentos y asistencia médica en Gaza. En Belén, el Hospital de la Sagrada Familia mantiene desde 1990 una importante actividad materno-infantil y neonatal; más de 100.000 niños han nacido allí desde su reapertura.
Las formas han cambiado radicalmente. También han cambiado los caminos. Quizá por eso la continuidad más interesante de la Orden de Malta no se encuentre en sus títulos, sus uniformes o el recuerdo de sus batallas, sino en una idea que conecta el hospital medieval de Jerusalén con Santiago, Fátima, Croagh Patrick, Lourdes y la Tierra Santa contemporánea: hacer posible el camino de quien difícilmente podría recorrerlo solo.
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