Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

El Cántico de las criaturas: nacido en la oscuridad y convertido en camino

Giotto - Sermón de los pájaros Public Domain
Giotto - Sermón de los pájaros Public Domain

El Cántico de las criaturas nació para ser cantado. Francisco de Asís puso en sus versos al sol, la luna, las estrellas, el viento, el agua, el fuego y la tierra, y los convirtió en una alabanza de una belleza sencilla y poderosa, construida sobre el ritmo y la repetición. El propio santo habría enseñado el canto a sus compañeros para que pudieran interpretarlo y llevarlo consigo por los caminos.

Esa música, sin embargo, no ha llegado hasta nosotros de manera reconocible. El Códice 338 de Asís, que conserva la copia más antigua conocida del poema, transmite el texto, pero no una melodía que pueda identificarse con seguridad como la que compuso Francisco. Lo que queda es la cadencia de las palabras y la noticia de que, en su origen, aquellas palabras tenían voz y sonido.

Quizá por eso resulte tan fácil imaginar el Cántico naciendo al aire libre, frente a un amanecer luminoso, durante una caminata por los campos de Umbría. Pero las fuentes medievales cuentan una historia muy distinta. La belleza del poema surgió en uno de los momentos más difíciles de la vida de su autor.

Un hombre que no podía mirar la luz

Hacia 1225, Francisco estaba gravemente enfermo de los ojos. Las narraciones transmitidas por la tradición franciscana describen una dolencia que le hacía difícil soportar la luz del día e incluso el resplandor del fuego. No conocemos con precisión médica qué padecía, pero sí sabemos que el problema ocular condicionó profundamente los últimos años de su vida y lo llevó de un lugar a otro en busca de alivio y tratamiento.

Una de las escenas más impresionantes se sitúa en San Damiano, a las afueras de Asís. Allí, según el Speculum perfectionis, Francisco permanecía alojado en una humilde construcción de esteras. El relato insiste en su sufrimiento: la enfermedad, el insomnio, una noche especialmente dura, incluso los ratones que lo atormentaban en aquel refugio precario.

Es precisamente en ese contexto cuando decide componer una nueva alabanza.

 

El contraste cambia por completo la lectura del poema. Francisco canta al sol cuando la luz le resulta dolorosa. Celebra el fuego cuando apenas puede soportar su resplandor. Habla del agua, del viento y de la tierra mientras su propio cuerpo se vuelve cada vez más frágil.

El Cántico no nace, por tanto, de una contemplación despreocupada de la naturaleza. Nace de una experiencia de vulnerabilidad. Y esa circunstancia es quizá una de las claves de su extraordinaria fuerza: la belleza que propone no niega el sufrimiento, sino que aparece en medio de él.

Según la tradición, Francisco quería que aquella nueva alabanza sirviera para su propio consuelo, para el de sus compañeros y también para quienes pudieran escucharla. No imaginaba un poema encerrado en la intimidad. Quería que circulara. Sus compañeros debían cantarlo y después dirigirse a quienes se hubieran detenido a escucharlos. Las fuentes utilizan para ellos una expresión sugerente: ioculatores Domini, “juglares del Señor”.

El canto había nacido en una habitación oscura, pero estaba pensado para salir al mundo.

Sabemos cuándo. Pero ¿dónde?

La autoría del Cántico es uno de los elementos más firmes de su historia. El Códice 338, fechado hacia mediados del siglo XIII, lo transmite dentro del conjunto de escritos de Francisco, y las ediciones críticas contemporáneas lo consideran una obra auténtica.

También existe un acuerdo razonable sobre su fecha: la formulación más prudente es situarlo hacia 1225, aunque las fuentes no permiten fijar con absoluta seguridad un día o un mes concretos. Más interesante resulta la pregunta por el lugar.

Dos escenarios están especialmente relacionados con aquel periodo: San Damiano, junto a Asís, y La Foresta, en la Valle Santa de Rieti. Sus razones para formar parte de la historia del Cántico son diferentes, pero no necesariamente incompatibles.

Tal vez el problema surja precisamente cuando imaginamos la composición de una obra medieval como imaginaríamos hoy la escritura de un libro: un autor sentado ante una mesa, empezando el texto y terminándolo en el mismo lugar. El Cántico pertenecía a una cultura de oralidad, memoria y canto. Además, la propia tradición franciscana presenta el poema como una obra relacionada con distintos momentos de los últimos meses de la vida de Francisco.

Eso permite mirar a San Damiano y La Foresta no tanto como dos rivales que reclaman una misma escena, sino como dos lugares vinculados a un mismo proceso.

 

Basilica of St Francis

San Damiano: el lugar donde nace la alabanza

San Damiano es el candidato más sólido para el nacimiento del Cántico por una razón sencilla: las fuentes medievales que narran expresamente la decisión de Francisco de componer aquella nueva alabanza sitúan allí la escena.

Es el lugar de la enfermedad y de la noche difícil, pero también de la transformación de esa experiencia en palabras. Allí habría surgido el núcleo en el que aparecen el sol, la luna y las estrellas, el viento, el agua, el fuego y la tierra.

La tradición habla después de otros momentos. Francisco habría añadido una estrofa dedicada a quienes perdonan y soportan enfermedad y tribulación, relacionada con un conflicto entre el obispo y el podestà de Asís. Y, ya cerca de su muerte en 1226, habría incorporado los versos dedicados a “hermana muerte corporal”.

Los especialistas discuten hasta qué punto debemos imaginar estas etapas como adiciones perfectamente separadas. Algunos análisis recientes señalan que la construcción métrica y temática del poema muestra una notable unidad. Pero esa discusión no elimina una posibilidad sugerente: el Cántico pudo acompañar a Francisco durante un periodo de su vida y no limitarse a un único momento de escritura.

Y es ahí donde aparece el segundo escenario.

La Foresta: el paisaje del mismo año

En 1225, Francisco se desplazó también hacia la región de Rieti debido a su enfermedad ocular. Una fuente medieval cuenta que permaneció durante un tiempo en una iglesia llamada San Fabiano, situada cerca de la ciudad y atendida por un sacerdote.

La narración es sorprendentemente concreta. Junto a la casa donde se alojaba había una pequeña viña. La presencia de Francisco atraía a numerosos visitantes, que entraban en ella, comían las uvas y dañaban la cosecha. El sacerdote temió quedarse sin vino, pero Francisco le aseguró que obtendría una producción abundante. El relato termina afirmando que así ocurrió.

 

Sanctuary of La Foresta

La tradición local identifica aquella iglesia de San Fabiano con el actual santuario de Santa Maria della Foresta, a unos cinco kilómetros de Rieti. El lugar está situado en una pequeña vaguada, entre bosques de robles y castaños, atravesada por el torrente Acqua Marina y vinculada desde hace siglos al recuerdo de aquella viña.

Es fácil comprender por qué La Foresta quedó asociada al Cántico. No solo porque el paisaje parece dialogar de manera casi natural con sus versos —agua, tierra, vegetación—, sino porque pertenece al mismo itinerario biográfico de Francisco en 1225: el mismo hombre enfermo, la misma dolencia de los ojos, el mismo periodo en el que el poema nació o comenzó a circular. Desde la zona de Rieti, Francisco continuaría además hacia Fonte Colombo, donde debía recibir tratamiento para sus ojos.

La tradición de La Foresta sostiene que pudo escribir, reelaborar o dar a conocer allí alguna parte del Cántico. Las fuentes medievales conservadas no llegan a afirmarlo expresamente, por lo que no es posible presentar el santuario como el lugar indiscutible donde se compuso la obra. Pero su candidatura tiene otra fuerza: nos sitúa físicamente dentro del mundo que Francisco recorrió mientras aquel canto formaba parte de su vida. San Damiano conserva la escena del nacimiento de la alabanza. La Foresta conserva el paisaje y el itinerario de aquel mismo año.

De un lugar a otro

Quizá, entonces, la pregunta no sea únicamente “¿dónde escribió Francisco el Cántico?”, sino “¿por qué lugares pasó mientras el Cántico se convertía en la obra que conocemos?”.

San Damiano permite imaginar el momento paradójico en que un hombre incapaz de soportar la luz comienza a alabar al sol. La Foresta nos introduce en otro episodio de esa misma fragilidad: un enfermo alojado cerca de una viña, atravesando la región de Rieti antes de someterse a un doloroso tratamiento ocular.

Y ambos lugares permiten comprender que el Cántico no fue escrito desde fuera de la naturaleza, como quien contempla un paisaje, sino desde dentro de una experiencia física concreta hecha de oscuridad, agua, tierra, enfermedad, viaje y fraternidad.

Ocho siglos después, esa geografía todavía puede recorrerse. San Damiano forma parte inseparable del paisaje franciscano de Asís. La Foresta y Fonte Colombo pertenecen a los santuarios de la Valle Santa de Rieti y están integrados en los itinerarios y caminos que siguen las huellas de Francisco por Umbría y el Lacio.

La melodía que Francisco habría compuesto para el Cántico se perdió. No sabemos exactamente cómo sonaba cuando los primeros compañeros comenzaron a cantarla. Los caminos, en cambio, permanecen.

Y quizá sea esa una de las formas más hermosas de acercarse hoy al poema: caminar por los lugares de aquel hombre enfermo que apenas podía mirar la luz y que, precisamente entonces, encontró palabras para llamar hermano al sol, hermana al agua y madre a la tierra.

 

ℹ️

Aviso de transparencia sobre inteligencia artificial

PilgriMaps utiliza herramientas de inteligencia artificial para asistir en la investigación, redacción y traducción de contenidos editoriales. Todos los contenidos elaborados con asistencia de IA son revisados, editados y verificados por nuestro equipo editorial antes de su publicación. Contrastamos la información con fuentes primarias, bibliografía especializada y conocimiento directo del terreno para garantizar la exactitud, la sensibilidad cultural y la integridad editorial.

La IA es una herramienta más dentro de nuestro proceso de trabajo. El criterio, la selección y la responsabilidad sobre todo lo publicado en esta plataforma son y seguirán siendo enteramente humanos.

Viator Media S.L. — en cumplimiento del Reglamento de Inteligencia Artificial de la UE (Reglamento UE 2024/1689).

Entrada también disponible en: English Italiano

Deje un comentario