Nuestro camino comienza en Euni, entre las colinas boscosas de Yongin, al sur de Seúl. Desde aquí, una ruta de poco más de diez kilómetros atraviesa tres collados antes de llegar a Mirinae, uno de los grandes lugares de peregrinación católica de Corea del Sur. No sigue una antigua vía medieval ni conduce hasta una gran catedral. Su protagonista es un joven sacerdote que murió con apenas 25 años: san Andrés Kim Taegon, primer sacerdote católico coreano.
La ciudad de Yongin promociona actualmente este itinerario como el Youth Kim Daegeon Trail, el “Camino del joven Kim Daegeon”. Son 10,3 kilómetros entre los santuarios de Euni y Mirinae, unas cuatro horas de marcha por senderos forestales y caminos rurales que pasan por los collados de Shindeok, Mangdeok y Aedeok.
Puede recorrerse hoy y, de cara a la JMJ de Seúl 2027, el municipio ha renovado parte de su señalización y equipamientos. Pero para comprender qué significa caminar por estas montañas hay que desplazarse primero a otro lugar de Corea.
Antes del camino: Solmoe
A unos 100 kilómetros al sur de Seúl se encuentra Solmoe, uno de los santuarios católicos más conocidos del país. Aquí nació Andrés Kim en 1821. El nombre suele traducirse como “colina de pinos”, y todavía hoy los árboles forman parte del paisaje del santuario. Hay una reconstrucción de la casa natal, espacios de oración y un memorial dedicado al santo. En 2014 el papa Francisco visitó el lugar durante su viaje a Corea.

Solmoe ayuda a comprender algo esencial: Andrés Kim no fue un converso aislado. Nació dentro de una familia que llevaba varias generaciones vinculada a una comunidad católica perseguida. Su padre, Ignacio Kim Je-jun, fue ejecutado en 1839; otros miembros de la familia sufrieron también las persecuciones.
La historia de aquellos católicos es especialmente singular porque el cristianismo coreano no comenzó con la llegada de una misión extranjera. Comenzó, en buena medida, con libros.
Una Iglesia que nació entre lectores
Durante el siglo XVIII algunos intelectuales coreanos habían empezado a estudiar textos occidentales llegados desde China. Entre ellos circulaban obras cristianas redactadas o traducidas por los jesuitas establecidos allí. Uno de aquellos estudiosos, Yi Seung-hun, viajó a Pekín y recibió el bautismo en 1784. Al regresar a Corea transmitió la nueva fe a otros.
Las primeras comunidades crecieron durante años prácticamente sin sacerdotes. Los laicos estudiaban, enseñaban, bautizaban y se reunían para rezar. Pero la nueva religión planteaba dificultades dentro de la sociedad de la dinastía Joseon, profundamente configurada por el neoconfucianismo. El conflicto en torno a los ritos dedicados a los antepasados fue especialmente grave; se añadieron además las sospechas hacia una religión relacionada con extranjeros y las tensiones que podía provocar una comunidad religiosa donde personas de distinto rango social se reconocían como iguales ante Dios.
Comenzaron las persecuciones. Hubo importantes oleadas represivas en 1801, 1839, 1846 y 1866. Sacerdotes, catequistas y laicos fueron encarcelados y ejecutados.
Buena parte de los actuales lugares de peregrinación católicos de Corea nacieron de aquella geografía: aldeas donde se escondieron los cristianos, cárceles, lugares de martirio y montañas en las que comunidades enteras intentaron desaparecer de la vista de las autoridades. Ese fue el mundo en el que creció Andrés Kim.

Con unos quince años fue elegido como candidato al sacerdocio. En Corea no existía entonces un lugar seguro donde pudiera formarse, de modo que en 1836 salió clandestinamente del país. Su formación lo llevó hasta Macao y otros territorios de China. Casi una década más tarde, en 1845, fue ordenado sacerdote en Shanghái. Era el primer coreano que llegaba al sacerdocio.
Pero regresar a su país continuaba siendo peligroso. Kim volvió clandestinamente y comenzó a atender a pequeñas comunidades de católicos dispersas por el territorio. Uno de los lugares asociados a aquellos pocos meses de ministerio es Euni.
Y aquí comienza realmente nuestro camino.
Euni: donde la biografía se convierte en ruta
El nombre de Euni suele interpretarse como “aldea escondida”. Resulta apropiado. En esta zona rodeada de montañas encontraron refugio comunidades católicas durante las persecuciones. Hoy existe allí un santuario vinculado especialmente a Andrés Kim y preparado para recibir visitantes.
Uno de sus elementos más curiosos es la reconstrucción de la iglesia de Kim Ga Hang de Shanghái, relacionada con su ordenación sacerdotal. Pero Euni es importante sobre todo porque recuerda al Andrés Kim sacerdote, no únicamente al mártir.
Su ministerio duró muy poco. Celebraba los sacramentos, visitaba comunidades clandestinas y se desplazaba por un territorio en el que un sacerdote tenía que procurar no llamar la atención. Desde el santuario parte actualmente el Youth Kim Daegeon Trail. Hasta Euni hemos seguido una historia. Ahora podemos caminarla.
Diez kilómetros y tres collados
El itinerario hasta Mirinae tiene 10,3 kilómetros y suele requerir unas cuatro horas. No debe imaginarse como un paseo urbano cuidadosamente pavimentado. Combina senderos forestales, caminos rurales, pequeñas aldeas y algunos sectores próximos a carreteras.
El recorrido ha sido reconocido entre los caminos forestales destacados de Corea y, ante la proximidad de 2027, Yongin ha renovado elementos de orientación y señalización. Su mayor atractivo no está en una sucesión de monumentos.
Para entenderlo hay que imaginar estas montañas hace casi dos siglos. Las pequeñas comunidades cristianas necesitaban lugares discretos donde establecerse y caminos por los que comunicarse. Los sacerdotes se desplazaban entre aldeas. Circulaban cartas, noticias y libros. Encontrar una ruta poco vigilada podía ser una cuestión decisiva.
Andrés Kim se movió dentro de este mundo. Y los caminos acabarían siendo también la causa de su arresto. Una de las tareas encomendadas a Kim era localizar lugares por los que los misioneros extranjeros pudieran entrar de forma segura en Corea. Necesitaba estudiar rutas terrestres y marítimas, contactar con embarcaciones y encontrar formas de sortear la vigilancia.
En 1846 fue detenido mientras realizaba una de estas misiones en la costa occidental. Había sido ordenado apenas un año antes. Fue trasladado a Seúl, interrogado y condenado a muerte.
Mirinae: el final del camino
Tras superar Aedeok aparece Mirinae. Hoy es un amplio centro de peregrinación, con iglesias, capillas, Vía Crucis y diferentes espacios dedicados a la memoria cristiana. Está preparado para recibir grupos y aparece ya en peregrinaciones internacionales organizadas con motivo de la JMJ de 2027.
Pero mucho antes de convertirse en santuario fue un escondite. Mirinae significa “Vía Láctea” (una conexión interesante con Compostela, por cierto). Según la tradición local, el nombre recuerda las pequeñas luces que durante la noche podían verse dispersas entre las montañas, procedentes de las viviendas de familias católicas ocultas en el valle.
Andrés Kim fue ejecutado el 16 de septiembre de 1846 en Saenamteo, junto al río Han, en Seúl. Recuperar el cuerpo de un condenado suponía un riesgo, pero un cristiano llamado Vicente Yi Min-sik consiguió rescatar sus restos y trasladarlos clandestinamente hacia las montañas.
Cuarenta días después del martirio, el cuerpo llegó finalmente a Mirinae, donde fue enterrado. El camino que hoy une Euni y Mirinae está relacionado tanto con el territorio donde Kim desarrolló su ministerio como con la memoria de aquel traslado. Y eso convierte la llegada a Mirinae en algo más significativo que simplemente alcanzar el final de un sendero. En Euni encontramos al sacerdote vivo, y en Mirinae, su tumba.
Saenamteo: completar la ruta en Seúl

Para terminar de comprender la historia conviene regresar después a Seúl. Saenamteo está hoy completamente absorbido por la gran metrópoli y muy cerca del río Han. Sobre el antiguo lugar de ejecución se levanta un santuario cuya arquitectura incorpora formas tradicionales coreanas.
Durante la época de Joseon, sin embargo, aquel terreno fue utilizado para ejecuciones. Allí murieron numerosos católicos, entre ellos once sacerdotes. Andrés Kim fue uno de ellos.
Saenamteo no pertenece al Youth Kim Daegeon Trail, pero visitar el lugar permite completar el relato y, además, enlazarlo con otra gran experiencia peregrina: la Seoul Catholic Pilgrimage Route, que conecta algunos de los principales escenarios de las persecuciones en la capital, como Myeongdong, Seosomun, Danggogae y Jeoldusan.
Cómo hacer hoy la ruta
La parte que puede recorrerse realmente como camino señalizado es: Euni Holy Ground → Shindeok Pass → Mangdeok Pass → Aedeok Pass → Mirinae Holy Site.
Distancia: 10,3 km.
Tiempo: alrededor de 4 horas.
Dificultad: moderada.
Terreno: caminos forestales y rurales, aldeas, pasos de montaña y algunos tramos próximos a carreteras.
Conviene llevar calzado de senderismo, agua y algo de comida. No hay que entender el recorrido como una ruta urbana con servicios continuos.Además, es lineal: comienza en Euni y termina en Mirinae. Para un visitante extranjero resulta aconsejable prever previamente el transporte hasta el inicio y la recogida o regreso desde Mirinae.
Tanto Euni como Mirinae cuentan con instalaciones para visitantes y aparcamiento. El antiguo programa municipal de recompensas mediante sellos del Youth Kim Daegeon Trail terminó en abril de 2026, aunque la ruta continúa activa y su señalización ha sido mejorada.¿Cuándo ir?
Las épocas más agradables son primavera y otoño, especialmente entre marzo y mayo y entre septiembre y noviembre.
El verano coreano es caluroso y húmedo y coincide parcialmente con la temporada de lluvias. Esto tiene cierta importancia para quienes quieran hacer la ruta coincidiendo con la JMJ de Seúl 2027, prevista en pleno verano: será necesario comprobar la previsión meteorológica y evitar, si las condiciones son adversas, las horas de mayor calor.
De senderos clandestinos a caminos de peregrinación
Andrés Kim pasó buena parte de su corta vida buscando caminos. Uno para salir clandestinamente de Corea y estudiar. Otro para regresar convertido en sacerdote. Rutas por las que pudieran entrar nuevos misioneros. Senderos para alcanzar comunidades escondidas. Y, después de su ejecución, fueron otros quienes tuvieron que buscar un camino para llevar su cuerpo hasta Mirinae.
Casi dos siglos después, esos paisajes reciben peregrinos. Mientras Corea se prepara para acoger a jóvenes llegados de todo el mundo en la JMJ de 2027, este pequeño sendero entre Euni y Mirinae ofrece una forma diferente de acercarse a su historia católica.
Durante el siglo XIX, aquellas montañas servían para esconderse. Hoy invitan a caminar.
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