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Mosaico de la Sagrada Familia en la iglesia de San José en Nazaret. Lerner Vadim - Shutterstock

¿Dónde está la tumba de San José?

José, “padre” de Jesús según la Biblia, es uno de los personajes más enigmáticos del cristianismo. No se conoce una sola palabra que haya pronunciado, aunque sus gestos (como casarse con una mujer que espera un hijo que no es suyo, o salvar a su familia huyendo a Egipto) hablan de él como un hombre resolutivo y generoso.

La devoción a su figura ha ido aumentando con los siglos, hasta el punto de que Pío IX lo proclamó patrono de la Iglesia católica en 1870. Es patrono también de varios países, ciudades, de los trabajadores y de las familias. Además, una de las devociones católicas más extendidas es acudir a su intercesión en el momento de la muerte.

Saint Joseph Catholic Church (Tiffin, Ohio) - stained glass, Death of Saint Joseph
Iglesia Católica de San José (Tiffin, Ohio) – vidrieras, Muerte de San José

Y esto nos lleva a una pregunta curiosa: siendo tan intensa la influencia espiritual, y dado el afecto de los católicos por venerar las tumbas de los santos y sus reliquias, especialmente en Tierra Santa, ¿cómo es que de tan insigne personaje no se sabe con certeza dónde está enterrado?

A día de hoy, dos son los lugares que reclaman ser la última morada del esposo de María. Uno, que tiene grandes posibilidades de ser el genuino, se halla en Nazaret, la ciudad en la que vivió la Sagrada Familia. El otro está en Jerusalén, y tiene que ver con otra singular figura: la de la única mujer que ha reinado de facto en la Ciudad Santa.

Reunir a la familia

Junto al huerto del Getsemaní y la Basílica de las Naciones, se encuentra otra iglesia conocida como “Sepulcro de María”, antiquísima (del siglo V) y que hoy se ha quedado por debajo del nivel del suelo. De hecho, para llegar a la que la tradición identifica como lugar donde reposó el cuerpo de María antes de la Asunción, hay que bajar 47 escalones, casi a oscuras.

Pues bien, a mitad de la escalinata, se abren dos capillas laterales. Una de ellas contiene la tumba de san José, y la otra, la de los padres de María, Joaquín y Ana. Esta disposición simbólica —María en el centro y, a sus lados, su esposo y sus padres— refleja la intención de reunir a la Sagrada Familia en el lugar de descanso de la Virgen.

Es importante señalar que estas capillas tuvieron originalmente un uso muy distinto: fueron tumbas reales de la época cruzada. Durante el reinado de Melisenda (1131–1153), única mujer que gobernó el Reino Cruzado de Jerusalén con poder efectivo, el sepulcro de María fue restaurado y ampliado. La reina escogió el santuario para su propio entierro y transformó la cripta en un espacio simbólicamente familiar.

La actual capilla de Joaquín y Ana fue originalmente su mausoleo; la de enfrente, hoy dedicada a san José, albergó los restos de otras damas de la familia real. Pero Melisenda no solo dejó allí su cuerpo, sino también una profunda huella teológica y estética.

 

Tumba de María Jerusalén
Vista interior de la Iglesia del Santo Sepulcro de María, también conocida como la Tumba de la Virgen María en Jerusalén.

Mecenas culta y decidida, promovió el culto a los personajes bíblicos vinculados a la vida de Jesús. Restauró el Santo Sepulcro, construyó la iglesia de Santa Ana junto a la piscina de Betesda y renovó el complejo del valle de Josafat, dándole unidad visual y espiritual. La presencia de José, Joaquín y Ana a ambos lados del sepulcro de María no es fruto del azar, sino el resultado de esa visión: representar físicamente la Sagrada Familia ampliada, unida en la muerte como lo estuvo en la vida.

De hecho, las crónicas registran que Melisenda “fue enterrada, al igual que su madre, en la abadía de Santa María del Valle de Josafat, que siempre le había sido querida”. Su tumba —la más majestuosa de la cripta, según algunos historiadores— constituyó la última gran obra funeraria de la dinastía cruzada en Jerusalén, superando en esplendor incluso a las de muchos reyes.

La asociación de su memoria con la de san José, aunque simbólica, ha perdurado en la configuración arquitectónica del lugar. Pero ¿está allí el cuerpo del santo? Parece que la tumba es más simbólica que real, pues no hay constancia de que se hayan depositado reliquias de ningún tipo. Y eso nos lleva a la otra posibilidad.

La «Tumba del Justo» en Nazaret

En Nazaret, una antiquísima tradición local señalaba un sepulcro conocido como la “Tumba del Justo”, como lugar en que fue enterrado san José. Este lugar fue descubierto por casualidad en 1881 por las monjas del convento de las Hermanas de Nazaret, situado frente a la Basílica de la Anunciación.

 

View of part of the archaeological site underneath the Sisters of Nazareth Convent, Nazareth, Israel
Vista de parte del yacimiento arqueológico situado bajo el convento de las Hermanas de Nazaret, Nazaret, Israel. By Bahnfrend – Own work, CC BY-SA 4.0

Al excavar los cimientos de su casa, las religiosas encontraron una compleja red de espacios subterráneos con hallazgos sorprendentes: restos de muros y habitaciones de época romana, los vestigios de una antigua iglesia bizantina e incluso varias tumbas excavadas en la roca.

Entre estas destaca una cripta funeraria con nichos (kokhim) típicos del siglo I y una gran piedra redonda para sellar su entrada, un diseño similar al del Santo Sepulcro de Jesús. Dada la humildad de la aldea de Nazaret en tiempos de Jesús, la presencia de semejante tumba de estilo aristocrático solo se explicaría si perteneciera a un personaje de relevancia.

Los descubrimientos bajo el convento sugieren además que Nazaret fue un lugar de intensa memoria cristiana en siglos posteriores. Sobre la supuesta tumba de san José se construyó primero una iglesia bizantina y, más tarde, una ampliación monumental en época de los cruzados.

Descubrimientos modernos

Las excavaciones modernas dirigidas por el arqueólogo Ken Dark (Universidad de Reading) desde 2006 han confirmado la importancia del sitio: por debajo de los restos de la capilla bizantina identificaron una vivienda judía del siglo I con muros, escaleras e incluso vasijas de piedra, indicando un uso doméstico en época de Jesús.

Los datos concuerdan con la descripción que hacia el año 670 hizo el abad Adomnán (basada en relatos del peregrino Arculfo) sobre Nazaret: hablaba de una iglesia construida sobre la casa donde Jesús pasó su infancia, ubicada “entre dos sepulcros” y cercana a una fuente.

En efecto, el convento de las Hermanas de Nazaret está próximo a la Casa de María (la Anunciación) y conserva los indicios de un manantial cegado bajo sus cimientos, detalles que coinciden mejor con el texto del peregrino que la ubicación tradicional franciscana.

Aunque las investigaciones siguen abiertas y la identificación no puede darse por definitiva, muchos expertos consideran verosímil que este conjunto arqueológico de Nazaret —la llamada “Tumba del Justo”— sea el lugar donde murió y fue enterrado san José, luego honrado por los primeros cristianos con un santuario sobre su tumba y la casa de la Sagrada Familia.

 

The Journey of Joseph and Mary to Bethlehem: A Probable Route

 

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