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Entrenar cuerpo y mente para afrontar un largo camino

Prepararse para una peregrinación requiere entrenar monshtein - Shutterstock
Prepararse para una peregrinación requiere entrenar monshtein - Shutterstock

Casi todo el mundo imagina la misma imagen antes de partir: uno mismo llegando a la meta, exhausto y radiante, después de haber olvidado ya las dificultades del camino. Es una escena bellísima. También es, según la psicología de la motivación, una de las formas más seguras de no llegar nunca. Prepararse para una peregrinación significa trabajar sobre dos cuerpos a la vez: el que camina y el que imagina. Y el segundo es más traicionero que el primero.

Empecemos por el cuerpo que camina, porque ahí los números son implacables y amables al mismo tiempo. En el Camino Francés que lleva a Santiago, la etapa media oscila entre los veinte y los veinticinco kilómetros al día, durante cuatro o cinco semanas seguidas. Es algo bastante engañoso: un esfuerzo moderado que no termina nunca. El verdadero enemigo del peregrino es la repetición.

Entrenar la repetición

El error clásico consiste en prepararse haciendo unas pocas caminatas largas y heroicas. Pero en el Camino el cuerpo no tiene que realizar una hazaña: tiene que soportar la misma fatiga durante muchos días. La medicina deportiva coincide en un principio: los tejidos, empezando por los tendones y las fascias plantares, solo se adaptan a la carga si la carga crece gradualmente. Aumentar demasiado deprisa los kilómetros es la vía más directa hacia las lesiones por sobrecarga, desde las tendinitis hasta la periostitis.

La preparación eficaz se parece a una forma de aburrimiento organizado: caminatas frecuentes y progresivas, con la mochila que se piensa llevar, sobre el terreno que se va a encontrar, hasta que el cuerpo deje de considerar extraordinario aquello que se convertirá en cotidiano.

Las ampollas, que mandan a casa a más peregrinos que cualquier cima, no son mala suerte, sino física: nacen del roce repetido entre piel, calcetín y calzado en presencia de humedad y calor. Se previenen antes de la salida, eligiendo y “domando” el calzado con antelación, gestionando la humedad del pie y conociendo los propios puntos débiles antes de que sean ellos quienes se presenten. Quien sale con botas nuevas compradas el día anterior está, literalmente, saboteándose a sí mismo.

Un detalle que pocos calculan: el 93 % de los peregrinos llega a Santiago a pie, pero muchos dividen la empresa partiendo desde Sarria, a poco más de cien kilómetros de la meta, el punto de partida más elegido de todos. No es hacer trampa, es estrategia. Ajustar la ambición al cuerpo real, y no al cuerpo imaginado, ya es un acto de preparación mental.

 

Preparing the mind for transformation before pilgrimage

La fantasía aligera el peso del esfuerzo

Y aquí llegamos a la imaginación. Sobre este tema, la investigación ofrece la sorpresa más contraintuitiva de todas. La psicóloga Gabriele Oettingen, de la New York University, ha dedicado veinte años a desmontar el dogma del pensamiento positivo. En una serie de estudios, las personas que fantaseaban más con el futuro deseado obtenían peores resultados: los graduados que soñaban con más intensidad con el trabajo ideal recibían menos ofertas y salarios más bajos; quienes imaginaban con mayor viveza su pérdida de peso adelgazaban menos.

El motivo es casi cruel. Soñar con la meta regala al cerebro una pequeña anticipación de la recompensa, un adelanto del triunfo. Y un cerebro que se siente ya llegado se relaja, baja la energía, deja de movilizarse. La fantasía pura no es gasolina: es un sedante disfrazado.

El antídoto que Oettingen desarrolló se llama “contraste mental” y, en su forma práctica, adopta el acrónimo WOOP: Wish, Outcome, Obstacle, Plan. Se formula el deseo —llegar a Santiago—, se visualiza el resultado y la emoción que traerá, y hasta ahí todo se parece al pensamiento positivo habitual. Después llega el movimiento decisivo: imaginar con la misma concreción el obstáculo interno que se interpone, las ganas de abandonar en el kilómetro veinticinco bajo la lluvia, la tentación de coger un autobús. Y preparar por adelantado un plan del tipo: “si ocurre esto, entonces haré aquello”.

El contraste entre sueño y obstáculo transforma el deseo en compromiso. En un estudio sobre salud, quienes fueron entrenadas en esta técnica duplicaron la actividad física durante los cuatro meses siguientes respecto a quienes solo habían recibido información.

Traducido al Camino: no basta con soñar la catedral. Hay que imaginar, antes de partir, el pie que duele al tercer día, la nostalgia que llega por la noche, el momento exacto en que el cuerpo pedirá detenerse, y decidir desde ahora qué se responderá a esa voz. Es menos poético, pero mucho más eficaz.

 

The small gestures that keep a long journey going

El barro como gimnasio de lo imprevisto

Hay una tercera preparación, más sutil, que tiene que ver con la propia expectativa. Parte del sufrimiento del peregrino nace de la distancia entre el Camino soñado y el Camino real: el silencio interrumpido por los ronquidos, la lluvia que no estaba prevista, la soledad que a veces pesa en lugar de liberar.

Gestionar la expectativa significa preparar la mente no para una experiencia perfecta, sino para una experiencia verdadera, hecha también de aburrimiento, ampollas y pensamientos incómodos que la fatiga hace subir a la superficie. Quien parte sabiendo que sufrirá sufre menos, porque no añade al cansancio físico la decepción de no haberlo previsto.

Quizá la preparación más honesta para una peregrinación sea precisamente esta doble disciplina: entrenar el cuerpo para la repetición y la mente para el obstáculo; dejar de acariciar el final y empezar a ensayar el tramo intermedio. No para apagar el sueño, sino para darle piernas, literalmente, capaces de sostenerlo.

Queda una pregunta, y vale mucho más allá de los senderos. Si imaginar la meta nos quita fuerza para alcanzarla, e imaginar los obstáculos nos la devuelve, ¿cuánto de nuestra vida estamos pasando soñando llegadas en lugar de prepararnos para las subidas que nos separan de ellas?

Fuentes principales: G. Oettingen y D. Mayer, “The Motivating Function of Thinking About the Future: Expectations Versus Fantasies”, Journal of Personality and Social Psychology, 2002; G. Stadler, G. Oettingen y P. Gollwitzer, “Physical Activity in Women: Effects of a Self-Regulation Intervention”, American Journal of Preventive Medicine, 2009; G. Oettingen, Rethinking Positive Thinking, 2014; datos y distribución de etapas de la Oficina de Acogida al Peregrino, Santiago de Compostela, 2024-2025; literatura de medicina deportiva sobre lesiones por sobrecarga y prevención de ampollas.

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