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Galería del Museo Wignacourt makasana photo - Shutterstock

El Museo del Gran Maestre que ayudó a construir la Malta moderna

La luz entra por las ventanas de una sobria fachada barroca en una calle tranquila de Rabat. Nada hace sospechar que tras aquella puerta se esconde un recorrido por casi dos mil años de historia. En pocos metros se pasa de galerías repletas de pinturas y tesoros eclesiásticos a una gruta vinculada a san Pablo, de catacumbas excavadas en la roca a refugios antiaéreos utilizados durante la Segunda Guerra Mundial.

Pocos lugares en Malta condensan tantas capas de memoria en un espacio tan reducido. Y pocos están tan estrechamente ligados a una figura que marcó el destino de la isla como Alof de Wignacourt.

Su nombre aparece en torres costeras, acueductos, retratos y monumentos repartidos por todo el archipiélago. También da nombre a uno de los museos más interesantes de Malta, un lugar que permite comprender cómo la isla pasó de ser una avanzada militar del Mediterráneo cristiano a convertirse en una sociedad con una identidad propia, profundamente marcada por la Orden de San Juan y por la tradición del naufragio de san Pablo.

El Gran Maestre que dejó huella en toda la isla

Alof De Wignacourt, oil painting by Giulio Cassarino, 1617
Alof De Wignacourt, oil painting by Giulio Cassarino, 1617. Public Domain

Alof de Wignacourt nació en Francia en 1547, en el seno de una familia noble. Ingresó en la Orden de San Juan en 1564, apenas un año antes del Gran Sitio de Malta, en el que participó. Aquella experiencia marcaría a toda una generación de caballeros: La heroica resistencia convirtió a Malta en uno de los símbolos de la Cristiandad mediterránea y consolidó el prestigio de la Orden.

Cuando Wignacourt fue elegido Gran Maestre en 1601, Malta atravesaba un periodo de relativa estabilidad. La amenaza otomana seguía existiendo, pero ya no era tan acuciante como en las décadas anteriores. Eso permitió dirigir recursos hacia proyectos de construcción, defensa y organización institucional que terminarían transformando profundamente la isla.

Entre todos los Grandes Maestres de la Orden, Wignacourt ocupa una posición singular. Las fuentes históricas coinciden en que gozó de una popularidad poco habitual entre la población maltesa. No fue visto únicamente como un gobernante extranjero, sino como alguien que contribuyó de forma tangible al bienestar de la isla.

Su obra más conocida es el Acueducto Wignacourt, una impresionante infraestructura que llevó agua desde las zonas elevadas del interior hasta La Valeta. En una isla donde el agua dulce siempre había sido un recurso escaso, aquella construcción tuvo un impacto enorme en la vida cotidiana. Todavía hoy algunos de sus arcos forman parte del paisaje maltés.

A ello se sumó la construcción de una red de fortificaciones costeras conocidas como las Torres Wignacourt. Estas estructuras permitían vigilar el litoral y responder rápidamente a incursiones enemigas. Su importancia quedó demostrada en 1614, cuando una fuerza otomana desembarcó en Marsaslokk y saqueó parte del sureste de la isla. La movilización de la Orden y de los propios malteses logró rechazar el ataque, que sería el último intento serio de conquista otomana de Malta.

Pero la influencia de Wignacourt no se limitó a la defensa o las obras públicas. Durante su gobierno adquirió especial relevancia la tradición que vincula Malta con el naufragio de san Pablo narrado en los Hechos de los Apóstoles. El Gran Maestre impulsó el prestigio institucional de los lugares relacionados con el apóstol y favoreció el desarrollo del complejo religioso de Rabat que terminaría convirtiéndose en uno de los principales centros de la devoción paulina en la isla.

Su figura también quedó asociada para siempre a uno de los artistas más famosos de la historia occidental. Cuando Caravaggio llegó a Malta en 1607 encontró en Wignacourt un protector y mecenas. El pintor realizó varios retratos del Gran Maestre, además de sus obras maestras La Decapitación de San Juan Bautista y San Jerónimo escribiente, consideradas la cumbre de la Malta barroca.

Del colegio barroco al museo

El museo que hoy lleva su nombre no fue concebido originalmente como museo. El edificio forma parte del complejo paulino de Rabat y se encuentra junto a la Basílica de San Pablo, en el entorno que la tradición identifica con la estancia del apóstol durante su estancia en Malta.

La historia del lugar está estrechamente ligada al desarrollo de este centro de peregrinación. En 1610 la Gruta de San Pablo fue confiada al ermitaño español fray Juan Beneguas de Córdoba. Durante el gobierno de Wignacourt la veneración de San Pablo recibió un fuerte impulso institucional.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII el edificio fue ampliado varias veces hasta alcanzar su configuración definitiva. La estructura barroca actual quedó completada en 1749 y sirvió durante generaciones como residencia de los capellanes de la Orden de San Juan.

 

Wignacourt Museum

La historia del inmueble refleja la propia historia de Malta. Tras la ocupación francesa de 1798 continuó utilizándose bajo administración estatal. Durante el siglo XX desempeñó funciones muy diversas: escuela, enfermería, centro social y dependencias parroquiales. Finalmente, en 1981 abrió sus puertas como museo, iniciando una nueva etapa dedicada a la conservación y difusión del patrimonio maltés.

Un museo construido sobre capas de historia

Lo que distingue al Museo Wignacourt de muchos otros museos europeos es su extraordinaria diversidad. No se trata simplemente de una colección artística ni de un edificio histórico. Es más bien una sucesión de mundos superpuestos.

La visita suele comenzar en el piso noble, donde se encuentra la principal colección artística. Allí aparecen algunas de las figuras más importantes de la pintura maltesa y mediterránea, entre ellas Mattia Preti, Antoine Favray y Francesco Zahra. Las galerías conservan además plata litúrgica, relicarios, esculturas, mapas históricos, monedas y libros raros que permiten reconstruir la vida religiosa y cultural de la Malta barroca.

Entre las piezas más llamativas destaca un ejemplar del Septem Sacramentorum, la obra escrita por Enrique VIII de Inglaterra contra Martín Lutero antes de su propia ruptura con Roma. Es uno de esos objetos que recuerdan hasta qué punto Malta estaba conectada con los grandes debates religiosos de Europa.

La colección también conserva objetos directamente relacionados con la Orden de San Juan. El más singular es probablemente el altar portátil utilizado en las galeras de los caballeros. Diseñado para celebrar la misa en alta mar, podía cerrarse como una caja y contenía todo lo necesario para el culto. El museo lo presenta como un ejemplar único conocido de este tipo.

Igualmente llamativa es la réplica histórica de la Sábana Santa de Turín autenticada en el siglo XVII, así como varios relicarios de gran calidad artística y una notable colección de retratos vinculados a la Orden.

Descender a la Malta subterránea

Sin embargo, la verdadera personalidad del museo se encuentra bajo tierra.

El recorrido conduce al visitante hacia la Gruta de San Pablo, centro espiritual de todo el complejo. Según la tradición maltesa, fue aquí donde el apóstol permaneció durante su estancia en la isla tras el naufragio descrito en los Hechos de los Apóstoles. Independientemente de los debates históricos, la gruta ha sido durante siglos uno de los lugares de peregrinación más importantes del archipiélago.

 

Roman catacombs underneath the Wignacourt Museum, Rabat, Malta.
Catacumbas romanas bajo el Museo Wignacourt, Rabat, Malta. Por Simon Burchell – Obra propia, CC BY-SA 4.0

Desde allí se accede a un universo aún más antiguo. Hipogeos, catacumbas y espacios funerarios excavados en la roca revelan una historia que se remonta a la Antigüedad. Algunas estructuras conservan bancos tallados en piedra y mesas de ágape utilizadas en banquetes funerarios, ofreciendo una visión excepcional de las prácticas religiosas de las primeras comunidades cristianas de Malta.

La sensación es casi arqueológica. El visitante no contempla simplemente objetos expuestos; atraviesa espacios que fueron utilizados durante siglos por personas reales para enterrar a sus muertos, rezar o reunirse.

La última capa histórica pertenece al siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial Malta sufrió algunos de los bombardeos más intensos de todo el Mediterráneo. El complejo conserva una red de refugios antiaéreos que acogió a cientos de personas durante aquellos años difíciles. Aproximadamente cincuenta espacios excavados en la roca ofrecían protección a unas 350 personas.

Pocas visitas permiten pasar, en cuestión de minutos, de la Antigüedad tardía a la Segunda Guerra Mundial sin abandonar el mismo edificio.

Cómo visitar el Museo Wignacourt

El museo se encuentra en el centro histórico de Rabat, junto a la Basílica de San Pablo y a pocos minutos de Mdina. Esta ubicación lo convierte en una visita ideal para combinar con el recorrido por la antigua capital de Malta. Abre diariamente de 9:30 a 17:00 horas y dispone de audioguías en varios idiomas, incluido el español.

Aunque la institución estima que la visita puede realizarse en unos 30 o 45 minutos, lo más recomendable es reservar entre una hora y media y dos horas. Solo así es posible recorrer con calma las galerías, detenerse ante las piezas principales y explorar las zonas subterráneas sin prisas.

Un buen itinerario consiste en comenzar por las salas barrocas del primer piso, continuar por las dependencias históricas y la capilla, y dejar para el final la Gruta de San Pablo, las catacumbas y los refugios de guerra. De esta manera, el descenso físico hacia el subsuelo coincide también con un viaje hacia las capas más profundas de la historia maltesa.

Una visita a Malta debe incluir el Museo Wignacourt, pues pocos lugares ayudan tanto a comprender la identidad histórica de la isla. El edificio resume algunas de las grandes narrativas maltesas: la tradición de san Pablo, la presencia de los Caballeros de San Juan, el esplendor barroco, la arqueología paleocristiana y la memoria de la Segunda Guerra Mundial. Todo ello aparece conectado por la figura de Alof de Wignacourt, un Gran Maestre cuya influencia sigue siendo visible cuatro siglos después de su muerte.

Quizá por eso el museo resulta tan interesante. No cuenta una única historia, sino varias a la vez. La de un gobernante francés convertido en símbolo maltés. La de una isla situada entre Europa y Oriente. Y la de una comunidad que, generación tras generación, fue construyendo su identidad sobre las huellas de quienes la precedieron.

 

Peregrinatio Sancti Pauli 60AD

Entrada también disponible en: English Italiano

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