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Vista aérea del mirador de la colina de Ta Ghammar. Iglesia de Ta Pinu, en la isla de Gozo Karina Movsesyan - Shutterstock

Ta’ Pinu: un Vía Crucis por el paisaje sagrado de Gozo

Karina Movsesyan

En la meseta occidental de Gozo, donde las crestas de caliza esculpidas por el viento se funden con campos en terrazas, un sendero de piedra asciende por la colina de Ta’ Għammar. Es el Vía Crucis, un recorrido al aire libre con estaciones a tamaño natural que conduce a los peregrinos hasta el Santuario de Nuestra Señora de Ta’ Pinu, epicentro mediterráneo de la devoción mariana maltesa.

Aunque este camino es una incorporación reciente al paisaje sagrado de Gozo —terminado a inicios del siglo XXI— respira un aire ancestral. Es, en espíritu, la prolongación de siglos de pasos hacia un lugar modelado tanto por la piedra como por la memoria.

Un paisaje moldeado por la fe y la geografía

A diferencia de los callejones estrechos de La Valeta o las empinadas cuestas de Mdina, la aproximación a Ta’ Pinu se abre al horizonte. El Vía Crucis no está enmarcado por muros, sino por colinas bajas, brisas marinas y una luz mediterránea deslumbrante.

El camino parte de la base de Ta’ Għammar, frente a la basílica, y asciende en un arco pausado y reflexivo. A lo largo de la ruta, catorce escenas escultóricas narran las Estaciones de la Cruz —desde la condena de Jesús hasta su sepultura— y culminan en una decimoquinta: la Resurrección.

 

Marble statues marking the Stations of the Cross punctuate the track leading to the top of the hill of Ta'Ghammar
Estatuas de piedra representando las estaciones de la Cruz marcan el camino que conduce a la cima de la colina de Ta’Ghammar.

Talladas en piedra caliza local, las figuras no buscan la ostentación, pero transmiten una intensa expresividad a través de los gestos y las posturas. Para el peregrino, recorrer este sendero es un acto devocional y, al mismo tiempo, una forma de vivir corporalmente una historia sagrada reinterpretada en el lenguaje geológico y cultural de Gozo.

En la cima, la vista domina el santuario, enmarcado por campos dorados y, más allá, la línea azul del Mediterráneo. El ascenso desde el valle hasta la cumbre refleja el propio arco espiritual de la Pasión: del descenso en el sufrimiento a la promesa de la elevación.

El Santuario de Nuestra Señora de Ta’ Pinu

El origen del santuario no responde a decretos reales ni eclesiásticos, sino a una voz misteriosa escuchada por una campesina local. En junio de 1883, Karmni Grima, del cercano pueblo de Għarb, pasó junto a una pequeña capilla rural y oyó que una voz le pedía rezar tres Avemarías. Se creyó que esa voz procedía de la imagen de la Virgen María que presidía el interior.

Pronto, la noticia se extendió, acompañada de relatos de curaciones y favores atribuidos a la intercesión mariana. La capilla —ya centenaria— se conservó y amplió, y en 1931 se completó la actual basílica, hoy santuario nacional. En su nave se preserva intacta la estructura original del siglo XVI, junto con la venerada imagen que representa la Asunción de María, heredera de la tradición iconográfica bizantina que marcó profundamente el arte mariano mediterráneo.

Ta’ Pinu se convirtió en símbolo de la identidad religiosa de Gozo, llegando incluso a la diáspora maltesa en Australia, Estados Unidos y Canadá, donde se erigieron réplicas de la imagen y capillas dedicadas. Los peregrinos acuden todavía en busca de sanación, para dar gracias o presentar súplicas, dejando exvotos en una galería que guarda fotos, muletas y cartas: un archivo íntimo de dolor y gratitud.

Sanctuary of Ta’ Pinu

Una peregrinación en clave contemporánea

Aunque carece de las largas rutas del Camino de Santiago o de la dureza del Sinaí, el Vía Crucis de Ta’ Pinu ofrece otro tipo de peregrinación: breve en distancia, pero rica en simbolismo. Sus estaciones invitan a la contemplación no tanto por su grandiosidad, sino por el ritmo lento de los pasos, la respiración y el tiempo que exige recorrerlo.

Es una experiencia de repetición y accesibilidad. Familias locales lo recorren en las fiestas marianas; peregrinos mayores avanzan sin prisa, descansando en bancos de piedra; escolares lo transitan en grupo, aprendiendo, reflexionando y recordando.

Su valor trasciende lo estrictamente católico. La combinación de arte, arquitectura y paisaje abierto lo convierte en un espacio también apreciado por quienes buscan comprender el patrimonio cultural, la geografía espiritual o el significado que los lugares sagrados adquieren en la memoria colectiva.

Presencia que perdura

El santuario ha recibido a dos pontífices: Juan Pablo II en 1990 y Francisco en 2022, visitas que reforzaron su peso en la narrativa nacional. Sin embargo, su verdadera fuerza reside en la constancia silenciosa. Mucho antes de convertirse en un santuario reconocido, fue una capilla de devoción rural. Y antes de que las esculturas ocuparan la ladera, la colina ya se subía en busca de algo más grande que uno mismo… o tal vez para regresar a lo que siempre ha estado dentro.

En el Vía Crucis de Ta’ Pinu, lo sagrado se manifiesta a cielo abierto: en la piedra, en el gesto esculpido, en el caminar hacia una imagen que, desde hace más de un siglo, está en el centro de innumerables historias personales.

 

Entrada también disponible en: English Italiano

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