Alter do Chão es una localidad situada a orillas del río Tapajós, en el estado brasileño de Pará, a unos treinta kilómetros de Santarém, allí donde las aguas azuladas y transparentes del Tapajós se encuentran con las aguas pardas del Amazonas.
Entre agosto y septiembre, el nivel del río desciende y aparecen extensas playas de arena blanca que han dado al lugar el sobrenombre de «el Caribe de la Amazonia». Es también en septiembre cuando Alter do Chão celebra el Sairé, una fiesta con más de tres siglos de historia, prohibida durante varias décadas, recuperada por su propia comunidad y convertida hoy en uno de los acontecimientos culturales más singulares de la Amazonia brasileña.
Una herramienta de evangelización jesuita
El origen del Sairé se encuentra en la labor evangelizadora de los jesuitas. Durante los siglos XVII y XVIII, los misioneros que recorrían la Amazonia utilizaron esta celebración para introducir la devoción católica entre los pueblos borari y tapajó que habitaban la región.
La ceremonia giraba en torno a un símbolo elaborado con lianas entrelazadas, algodón, cintas de colores y flores. Transportado de misión en misión a través de los grandes ríos amazónicos, el rito fue adaptándose progresivamente a las culturas locales con las que entraba en contacto. En la concepción jesuita, el centro espiritual de la celebración era Nuestra Señora de los Remedios, patrona de la misión de Alter do Chão.
La prohibición y el renacimiento
En 1943, las autoridades franciscanas que habían asumido la atención pastoral de la región decidieron prohibir el Sairé. Las razones eran tanto prácticas como religiosas. Con el paso del tiempo, la fiesta había incorporado juegos de azar, consumo de alcohol y actividades comerciales. Para muchos responsables eclesiásticos, la dimensión festiva había desplazado al contenido espiritual original.
La prohibición se mantuvo durante casi treinta años. Cuando la celebración volvió en la década de 1970, lo hizo bajo una lógica distinta. Ya no dependía de la Iglesia. La comunidad de Alter do Chão la recuperó como una expresión cultural y folclórica propia, más que como una festividad religiosa. Lo espiritual y lo festivo no desaparecieron, pero sí renegociaron su relación.

La llegada de los delfines del río
El elemento que transformó definitivamente el Sairé moderno llegó en 1997 con la creación del Festival dos Botos, el Festival de los Delfines. El boto, o delfín amazónico, ocupa un lugar central en la imaginación popular de la Amazonia. En las aguas del Tapajós habitan dos especies: el boto-cor-de-rosa, de característico color rosado, y el tucuxi, más pequeño y de tonalidad gris.
La leyenda, mucho más antigua que el festival, cuenta que el boto se transforma por la noche en un joven apuesto que emerge del río para seducir a las mujeres humanas. El festival convierte esta historia en una competición entre dos grupos rivales: Tucuxi y Cor-de-Rosa. Cada uno presenta desfiles, alegorías, coreografías, música y espectáculos visuales destinados a conquistar el favor del público.
La estructura recuerda tanto a las escuelas de samba del Carnaval de Río de Janeiro como a la rivalidad entre los grupos de boi-bumbá en Parintins. Las familias toman partido. Los vecinos se identifican con uno u otro delfín. Y una localidad de apenas cuatro mil habitantes recibe durante la semana del Sairé cerca de ciento cincuenta mil visitantes.
El delfín como puente entre mundos
Lo más interesante quizá sea el papel que desempeña la leyenda del boto en la cohesión del festival. La historia del delfín que emerge del agua convertido en hombre pertenece a una capa mucho más antigua de la cosmología amazónica que cualquier elemento introducido por los misioneros europeos. Es una visión del mundo donde las fronteras entre humanos y animales, entre río y sociedad, entre naturaleza y cultura, permanecen abiertas y cargadas de significado.
Que esta leyenda indígena terminara incorporándose a una celebración cuyo símbolo central es un objeto ritual de origen jesuita no constituye una contradicción. Más bien ofrece una imagen condensada de cómo suele funcionar la transmisión cultural en Brasil. Las nuevas tradiciones no sustituyen necesariamente a las anteriores. Se superponen. Y con el tiempo resulta difícil distinguir dónde termina una capa y comienza la otra.
Una lección sobre la cultura brasileña
La larga historia del Sairé permite observar con claridad una característica presente en muchas tradiciones sagradas brasileñas. Una ceremonia jesuita implantada en territorio indígena. Una fiesta posteriormente prohibida por la propia Iglesia. Una celebración recuperada por la comunidad al margen de la institución religiosa. Y finalmente una fusión con una antigua leyenda amazónica para crear algo que es, al mismo tiempo, más antiguo y más reciente que cualquiera de sus componentes.
El símbolo central del Sairé sigue siendo el arco de lianas entrelazadas heredado del ritual jesuita original. Todavía se lleva en procesión. Pero la multitud que baila a su alrededor anima apasionadamente a un delfín. Y quizá esa imagen explique mejor que cualquier teoría la extraordinaria capacidad de Brasil para transformar historias diferentes en una misma celebración.

