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Catacumbas de San Pablo, siglos III a VIII d.C., Rbat (Mdina) tolobalaguer.com - Shutterstock

Catacumbas de San Pablo: memoria cristiana bajo tierra

En las afueras de Rabat, cerca de la ciudad amurallada de Mdina, una red de cámaras subterráneas —catacumbas e hipogeos— se extiende bajo la meseta de piedra caliza. Este conjunto constituye una de las evidencias arqueológicas más importantes de la cultura romana y del cristianismo primitivo en Malta, junto con las catacumbas de Santa Ágata, también situadas en la isla.

Estos complejos fueron excavados y utilizados entre los siglos III y VIII d. C., y conservan espacios funerarios, inscripciones y elementos arquitectónicos que reflejan la vida de una comunidad situada en el cruce marítimo del Mediterráneo central. Uno de estos complejos es conocido como las Catacumbas de San Pablo, las más grandes del archipiélago maltés y probablemente solo superadas por las de Roma.

Para los viajeros que siguen rutas de peregrinación mediterráneas —ya sea por mar o a través de los itinerarios culturales que están surgiendo en Malta— el lugar ofrece una perspectiva reveladora de cómo las pequeñas comunidades insulares absorbieron y reinterpretaron influencias procedentes de Roma, el norte de África y el Levante.

Malta en el Mediterráneo romano

Malta entró en la órbita romana en el año 218 a. C.. En la Antigüedad tardía funcionaba como un enclave menor pero estratégicamente situado entre Sicilia y la costa norteafricana. La memoria cristiana de la isla está estrechamente ligada al relato del naufragio de san Pablo narrado en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 27–28), que describe cómo Pablo de Tarso quedó varado en Malta durante su viaje hacia Roma.

Según el texto bíblico, Pablo curó al padre de Publio, descrito como el gobernador romano de la isla, y permaneció allí durante tres meses. Los Hechos no mencionan catacumbas; estas se desarrollaron posteriormente, cuando las costumbres funerarias pasaron de la cremación a la inhumación y cuando las comunidades cristianas comenzaron a crear cementerios colectivos subterráneos.

 

Rock cut Christian tombs in the Catacombs of St Paul, Rabat, Malta
Tumbas cristianas excavadas en la roca en las Catacumbas de San Pablo, Rabat, Malta

Catacumbas e identidad comunitaria

El complejo conocido hoy como Catacumbas de San Pablo está formado por una serie de hipogeos interconectados —cámaras funerarias excavadas en la piedra caliza blanda—. Las tumbas se alinean en las paredes en forma de loculi (nichos horizontales) y arcosolia (recesos arqueados). Algunas cámaras contienen mesas circulares talladas en la roca, a menudo identificadas como triclinia o mesas de ágape.

Estas mesas suelen interpretarse como espacios para comidas conmemorativas en honor de los difuntos, aunque su función exacta sigue siendo objeto de debate.
A diferencia de los vastos sistemas de catacumbas de Roma, los complejos malteses son más modestos en escala. Su importancia reside en su densidad y continuidad, ya que evidencian la presencia organizada de una comunidad cristiana en la isla ya en el siglo IV d. C.

Las inscripciones y símbolos —entre ellos cruces y monogramas chi-rho— reflejan la evolución del lenguaje funerario dentro de un marco cultural romano más amplio. Conviene recordar que en ese mismo siglo el emperador Constantino promulgó el Edicto de Milán (313 d. C.), que declaró el cristianismo religio licita, es decir, una religión permitida. Este hecho explica probablemente por qué las evidencias arqueológicas del cristianismo aparecen con claridad a partir de ese momento, tanto en Malta como en otros territorios bajo dominio romano.

Las catacumbas también revelan un contexto de convivencia religiosa. En Rabat se han identificado enterramientos judíos y paganos, lo que sugiere un entorno multirreligioso en la Antigüedad tardía. Las similitudes arquitectónicas entre diferentes comunidades apuntan a prácticas artesanales y estructuras sociales compartidas.

La conexión paulina

La atribución de estas catacumbas a san Pablo procede de la tradición posterior más que de pruebas arqueológicas directas. La cercana gruta venerada como lugar de la prisión de Pablo durante su estancia de tres meses en Malta reforzó la identificación local con el relato apostólico. Con el paso de los siglos, la geografía devocional se amplió y vinculó varios lugares de Rabat con los acontecimientos narrados en los Hechos de los Apóstoles.

 

 

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Algunos intérpretes cristianos consideran Malta como uno de los primeros lugares —después del Areópago de Atenas— donde Pablo se dirigió a una audiencia mayoritariamente no judía en suelo europeo. En esta lectura, la isla representa un espacio de transición en el movimiento hacia el mundo gentil, un tema central en la literatura paulina.

El relato de los Hechos subraya la hospitalidad, la curación y el encuentro cultural más que escenas formales de predicación. Resulta significativo que Pablo sanara al padre de Publio, el gobernador romano. Además, según la tradición, Publio se convirtió en el primer obispo de Malta.

Desde una perspectiva histórica, las catacumbas testimonian la existencia de una comunidad cristiana varias generaciones después de Pablo. Su desarrollo se corresponde con patrones observables en todo el Imperio romano, donde grupos urbanos y semiurbanos organizaban cementerios colectivos fuera de las murallas de las ciudades.

Arquitectura subterránea y espacio ritual

Recorrer hoy las catacumbas implica descender por estrechas escaleras hacia cámaras frescas y en penumbra. La organización espacial sugiere agrupaciones familiares y redes de parentesco ampliadas. Algunos nichos presentan reposacabezas tallados en la piedra, lo que revela una atención especial a la posición del cuerpo en la muerte.

Restos de yeso y pintura indican que algunas cámaras estuvieron decoradas con más cuidado que la simple roca desnuda. Las mesas circulares —uno de los rasgos distintivos de los complejos malteses— han suscitado especial interés entre los investigadores. Su presencia dentro de las cámaras funerarias sugiere reuniones rituales relacionadas con la memoria de los difuntos. Instalaciones comparables aparecen en contextos norteafricanos, lo que apunta a intercambios culturales marítimos a través del Mediterráneo central.

En la superficie, el parque arqueológico sitúa esta red subterránea dentro del contexto de Rabat en época romana. Restos de viviendas y caminos muestran que estos espacios funerarios coexistían con un asentamiento activo y no funcionaban de forma aislada.

Malta en las rutas contemporáneas

Malta underground: From Neolithic shrines to Saint Paul’s grotto

Hoy Malta atrae a visitantes interesados en un patrimonio estratificado: templos prehistóricos, fortificaciones medievales y restos del cristianismo primitivo conviven a escasa distancia. Las Catacumbas de San Pablo forman parte de un conjunto más amplio que incluye la Gruta de San Pablo, la basílica parroquial, la iglesia de San Publio y el Museo Wignacourt.

Juntos —junto con otros lugares y hallazgos repartidos por la isla— configuran una ruta local de memoria vinculada al relato de los Hechos de los Apóstoles. La escala de Malta permite visitar estos lugares en un solo día, aunque los procesos históricos que representan abarcan milenios. Las catacumbas, excavadas gradualmente y ampliadas con el tiempo, reflejan una historia de adaptación más que un único momento fundacional.

La primavera y el otoño ofrecen temperaturas agradables para la visita, mientras que las cámaras subterráneas mantienen un clima fresco durante todo el año. La señalización interpretativa proporciona explicaciones arqueológicas sin imponer conclusiones religiosas, lo que permite a visitantes de diferentes sensibilidades acercarse al lugar desde una perspectiva histórica.

Nombres, memoria y evidencia

Como sucede con muchos lugares vinculados a figuras apostólicas, el nombre “Catacumbas de San Pablo” combina tradición y estudio académico. La arqueología confirma la presencia de una comunidad cristiana sólida en la Antigüedad tardía. Las fuentes textuales describen un naufragio del siglo I y una breve estancia del apóstol. La conexión entre ambos elementos se basa en la continuidad de la memoria local más que en pruebas materiales directas que vinculen una cámara concreta con Pablo.

Estas dinámicas son habituales en los paisajes de peregrinación del Mediterráneo. Los nombres conservan la identidad; la piedra conserva la práctica. En Rabat, la arquitectura subterránea habla de organización comunitaria, de costumbres funerarias en evolución y de la participación de la isla en las redes del Imperio. El relato paulino sitúa Malta dentro de una historia mediterránea más amplia de movimiento, prueba y encuentro cultural.

Al descender a las catacumbas, el visitante entra en un espacio modelado por cinceles y creencias, por la geología y por los vínculos sociales. Al volver a la luz del sol maltés, regresa a una superficie acostumbrada desde hace siglos al intercambio. El lugar permanece como testimonio de cómo las comunidades insulares se relacionaron con corrientes globales, grabando su memoria en la piedra bajo las capas de la isla.

Este contenido llega a ti en colaboración con VisitMalta

St Paul’s Bay, Malta: Arrival, Refuge, and Pauline Memory

Entrada también disponible en: English Italiano

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