En el corazón de los Apeninos, cuando las primeras nieves del invierno transforman el paisaje en una vasta extensión blanca, cada año se repite una tragedia silenciosa. En 2022, 504 personas murieron en entornos naturales exigentes en Italia, un aumento del 13,5 % respecto al año anterior. Es una cifra que obliga a prestar atención y revela una tendencia preocupante de la que apenas se habla públicamente.
La situación sigue siendo grave. En 2024, las montañas italianas registraron 466 fallecidos, junto con 1.431 personas gravemente heridas y 5.288 con lesiones leves. Detrás de estos números hay vidas individuales, familias marcadas para siempre y miles de voluntarios del Corpo Nazionale Soccorso Alpino e Speleologico, que arriesgan su propia seguridad cada día para ayudar a quienes se encuentran en peligro.
Estos datos recuerdan un principio básico que a menudo se olvida: cualquier excursión, por sencilla o compleja que sea, requiere preparación adecuada y consulta de fuentes oficiales fiables. En una época en la que cualquiera puede presentarse como “experto”, la responsabilidad de los accidentes no recae solo en quienes actúan con imprudencia o inexperiencia, sino también en quienes difunden información incompleta o engañosa.
Algunos medios y plataformas digitales promocionan rutas con descripciones vagas o parciales. El resultado es que visitantes sin preparación se adentran en entornos que, especialmente en invierno, exigen equipo técnico y experiencia, tratándolos como si fueran simples paseos. Así es como se gestan tragedias evitables.
Una percepción distorsionada del riesgo
¿Por qué tantas personas entran repetidamente en terrenos peligrosos sin preparación adecuada? Las investigaciones apuntan a la psicología de la percepción del riesgo. Un estudio realizado por Eurac Research con más de 3.800 participantes reveló que casi un tercio de los turistas entrevistados en Sesto Pusteria creía que la probabilidad de sufrir un accidente durante una excursión era cero.
A esta subestimación se suma otra discrepancia. Mientras que los participantes más experimentados —a menudo miembros de asociaciones— identifican correctamente el senderismo como una de las actividades que más intervenciones de rescate requiere, los turistas tienden a minimizar sus riesgos. Esta brecha entre percepción y realidad es central para entender el problema.
La investigación científica también muestra que la percepción del riesgo cambia con la edad y la experiencia. A medida que ambas aumentan, una mayor confianza puede conducir paradójicamente a comportamientos más arriesgados. Aún más preocupante es la tendencia a priorizar el riesgo psicológico —el miedo al ridículo o a reconocer los propios límites— sobre el peligro físico. En esos casos, algunas personas continúan en situaciones objetivamente inseguras para proteger su propia imagen.
Lo que dicen los números
Italia ofrece un ejemplo claro. En 2022, el servicio de rescate de montaña realizó 10.367 intervenciones, un 9,8 % más que el año anterior. Los niveles siguieron siendo elevados: en 2024 se realizaron 12.063 misiones, en las que se asistió a 11.789 personas.
El perfil típico de quienes se ven implicados en accidentes resulta revelador: principalmente hombres italianos de entre 50 y 60 años que sufren lesiones leves tras resbalar durante excursiones, especialmente en agosto. El senderismo representa el 50,2 % de los incidentes, seguido por la bicicleta de montaña (9 %), el esquí alpino (7,8 %) y el alpinismo tradicional (5,4 %).
Otro factor significativo es la pertenencia a asociaciones de montaña o actividades al aire libre. La mayoría de las personas rescatadas no pertenece a ningún club, lo que significa que carecen de oportunidades estructuradas de formación en prevención de riesgos que estas organizaciones suelen ofrecer.
El verano de 2025 marcó uno de los periodos más trágicos de los últimos años: entre el 21 de junio y el 23 de julio se registraron 83 fallecimientos en accidentes de montaña.
El auge de los grandes caminos
Junto al turismo de montaña tradicional, en los últimos años ha crecido con fuerza el interés por los itinerarios de larga distancia y las rutas de peregrinación. La Via Francigena, el Cammino di San Francesco, la Via degli Dei o el Camino de Santiago atraen cada año a miles de caminantes, italianos e internacionales, en busca de una experiencia que combine paisaje, reflexión y desafío personal.
Caminar lentamente en la naturaleza ha demostrado aportar beneficios físicos y psicológicos. Diversos estudios indican que caminar al aire libre puede ayudar de forma significativa a personas que se recuperan de periodos de fuerte estrés emocional.
Sin embargo, la popularidad de estas rutas no debe ocultar una realidad básica: los caminos etiquetados como “espirituales” o “contemplativos” también pueden presentar dificultades serias y requieren preparación adecuada.
La Via Francigena, por ejemplo, atraviesa tramos de los Apeninos que se vuelven peligrosos en determinadas estaciones. El Cammino di San Benedetto se extiende a lo largo de 300 kilómetros entre Umbría, Lacio y Campania, con importantes desniveles. Incluso rutas consideradas fáciles pueden volverse peligrosas cuando se afrontan sin preparación física, técnica y mental suficiente.
Caminar con conciencia

La solución no es desanimar a las personas a recorrer montañas o caminos de larga distancia. Al contrario: estos viajes ofrecen oportunidades extraordinarias de crecimiento personal, físico y cultural. Pero exigen preparación y conciencia.
Antes de ponerse en marcha, conviene recordar algunos principios esenciales:
- Confiar en información precisa. Consultar fuentes oficiales y actualizadas. Desconfiar de descripciones genéricas que no distinguen las condiciones según la estación. Comprobar la fecha de publicación y buscar informes recientes sobre el estado del sendero.
- Evaluar con realismo las propias capacidades. Elegir rutas acordes con la condición física y técnica personal. Evitar la presión de seguir el ritmo de otros o de fijarse objetivos demasiado ambiciosos. El desnivel, la exposición y el clima pueden transformar rápidamente una ruta aparentemente sencilla en una exigente.
- Utilizar el equipo adecuado. Cada estación y cada terreno requieren material específico. Las raquetas de nieve, por ejemplo, son útiles en ciertos caminos pero peligrosas sobre hielo o en pendientes pronunciadas. Muchos rescates se producen en senderos convertidos en placas de hielo porque los caminantes eligieron equipo inadecuado o ignoraron las previsiones meteorológicas.
- Invertir en formación. Los cursos ofrecidos por asociaciones reconocidas enseñan habilidades fundamentales: lectura de mapas, interpretación del tiempo o identificación de peligros como avalanchas o hielo. Esa formación puede salvar vidas.
- Aceptar los propios límites. Saber cuándo darse la vuelta es esencial. Renunciar a un objetivo cuando las condiciones no son favorables es una muestra de responsabilidad, no de debilidad.
- Planificar con cuidado. Estudiar el recorrido con antelación, calcular tiempos realistas con margen de seguridad, informar a alguien del itinerario previsto y llevar siempre lo imprescindible: mapa, frontal, botiquín, comida y agua suficientes.
Una responsabilidad cultural
En última instancia, lo que se necesita es un cambio cultural. Las montañas y los caminos de larga distancia no son parques de atracciones ni escenarios para redes sociales. Son entornos que exigen respeto, preparación y decisiones informadas.
Cada año, miles de voluntarios del rescate de montaña dedican enormes cantidades de tiempo a salvar vidas. Solo en 2024, 42.589 técnicos voluntarios invirtieron 183.846 horas en operaciones de rescate. Muchas de estas intervenciones podrían evitarse con mejor información y preparación.
La vida no es algo prescindible. Es demasiado valiosa para arriesgarla por una planificación superficial, consejos poco fiables en internet o el deseo de imitar a otros.
Caminar puede ser profundamente enriquecedor. Los grandes caminos pueden transformar a quienes los recorren. Los paisajes de montaña ofrecen experiencias poderosas. Pero todo eso solo tiene sentido si caminamos no solo con los pies, sino también con criterio.
Artículo inspirado en “Gran Sasso, le pericolosissime ‘ciaspolate’ di Repubblica e AllTrails” de Stefano Ardito, publicado en Luoghi Misteriosi, 5 de enero de 2026.

