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Una leyenda bajo el Camino: la Cova do Rei Cintolo

Entrada de la Cueva del Rei Cintolo cerca de Mondoñedo Imaxe Press - Shutterstock
Entrada de la Cueva del Rei Cintolo cerca de Mondoñedo Imaxe Press - Shutterstock

El Camino del Norte está lleno de leyendas y tradiciones. Algunas pertenecen al universo jacobeo; otras proceden de los territorios que atraviesa. Y entre ellas, hay una singular que habla de reyes, hechiceros, ciudades desaparecidas y princesas que esperan ser liberadas.

A pocos kilómetros de Mondoñedo, una de las ciudades históricas del Camino de Santiago del Norte, se abre la entrada de la Cova do Rei Cintolo, un enorme laberinto subterráneo cuya exploración supera ya los once kilómetros. Se puede recorrer hoy mediante visitas guiadas y bajo un sistema de acceso regulado destinado a proteger tanto a los visitantes como a la propia cueva.

No conocemos relatos medievales de peregrinos que hablen de este rey ni documentos antiguos que relacionen la cueva con Santiago. Es, más bien, una de esas historias con las que el viajero puede encontrarse al atravesar un territorio: una leyenda que se cruza con el Camino sin haber nacido de él, pero que se entrelaza con las tradiciones que el viajero encuentra a su paso. Y quizá por eso resulta todavía más interesante.

El reino que desapareció

Cintolo era rey de un territorio próspero. Tenía una hija de extraordinaria belleza que, según quien cuente la leyenda, se llamaba Xila o Manfada. La joven estaba enamorada de un noble, aunque otros relatos introducen un pretendiente rival, poderoso y peligroso. Cuando este es rechazado, utiliza la magia. El reino es destruido, sepultado o condenado a desaparecer, y la princesa queda atrapada en un mundo subterráneo.

En algunas versiones, espera desde entonces la llegada de un caballero capaz de romper el encantamiento. En otras, la trama se complica: el amado recibe el nombre de Holvrudet y el rival es Tuba de Oretón, presentado como rey y hechicero procedente de una lejana “tierra de mouros”. Hay combate, hechizos y una ciudad llamada Brea que desaparece en el mismo instante en que surge la cueva.

Princess Manfada locked in the cave. Recreation created with AI-Shutterstock
Princesa Manfada encerrada en la cueva. Recreación realizada con IA-Shutterstock

Ese mecanismo es común a muchas leyendas. Ante una grieta, una ruina, una formación rocosa o un paisaje extraño, la imaginación construye una explicación. La geografía se transforma en prueba: si existe una cueva de dimensiones extraordinarias, quizá sea porque algo extraordinario ocurrió allí.

En Rei Cintolo, el relato convierte el paisaje subterráneo en memoria de una catástrofe. Las galerías se convierten en los restos de un reino perdido.

¿Una leyenda medieval?

La cueva es antigua. La historia, al menos tal como hoy la conocemos, resulta mucho más difícil de fechar.

En 1873, el erudito José Villaamil y Castro publicó el primer plano conocido de Rei Cintolo. Aquel dibujo constituye un hito en la historia de la exploración de la cavidad. Poco más de dos décadas después, en 1896, Gabriel Puig y Larraz afirmaba que sobre ella se contaban numerosas “consejas” o cuentos populares.

El dato es importante: a finales del siglo XIX, Rei Cintolo ya poseía una fuerte reputación legendaria. Pero no sabemos exactamente qué historias integraban aquellas consejas. Ninguna de las fuentes localizadas permite asegurar que ya entonces se narrase con todos sus detalles el relato de Xila o Manfada, Holvrudet, Tuba y el reino desaparecido. Tampoco se ha encontrado una fuente medieval o de los primeros siglos de la Edad Moderna que contenga la leyenda en su forma actual.

Durante siglo y medio se han sucedido exploraciones, mapas, excavaciones y estudios científicos de la cavidad. La genealogía de la leyenda, en cambio, sigue llena de espacios en blanco.

Xila o Manfada no está sola en el imaginario del noroeste peninsular. En Galicia existen numerosas historias de mouras encantadas, figuras femeninas relacionadas con cuevas, rocas, fuentes y tesoros. En Asturias aparecen las xanas, jóvenes de extraordinaria belleza asociadas con el agua, los lugares ocultos y determinados rituales de desencantamiento.

Las historias cambian de una comarca a otra, pero algunos motivos se repiten: una mujer pertenece de algún modo a un mundo distinto del cotidiano; permanece atrapada por un hechizo; alguien debe superar una prueba para liberarla; y la entrada a ese otro mundo suele encontrarse en un lugar singular del paisaje. La princesa de Rei Cintolo encaja con facilidad en ese gran universo narrativo.

La espeleología tiene su propio relato

Hay algo singular en la historia visual de Rei Cintolo: su primera gran imagen no fue la de un rey ni la de una princesa, sino un plano topográfico.

Desde el dibujo publicado por Villaamil en 1873 hasta las modernas topografías digitales, generaciones de exploradores han intentado convertir el espacio subterráneo en líneas comprensibles sobre una hoja.

 

First sketch of the King Cintolo cave by José Villa-Amil y Castro in 1873
Primer boceto de la cueva del Rey Cintolo realizado por José Villa-Amil y Castro en 1873.

Ese esfuerzo produce una curiosa correspondencia entre ciencia y leyenda. El relato afirma que bajo la montaña existe un mundo oculto. La espeleología revela que, efectivamente, existe uno, aunque no sea el de palacios encantados imaginado por los narradores.

La cavidad posee kilómetros de galerías, cursos de agua y espacios que han ido siendo explorados y cartografiados progresivamente. Las cifras sobre su longitud han cambiado con el tiempo precisamente porque el conocimiento del sistema continúa ampliándose. Los mapas modernos revelan un laberinto mucho más extenso de lo que conocieron los primeros investigadores.

La arqueología añade otro nivel de misterio. En una zona interior conocida como el Camarín se localizaron restos de fauna cuya disposición ha llevado a algunos investigadores a considerar la posibilidad de una deposición de carácter simbólico. Una muestra ósea ha proporcionado la evidencia de que hubo presencia humana en el Mesolítico.

Los investigadores han advertido que no puede afirmarse que Rei Cintolo fuera un santuario prehistórico ni un templo subterráneo. Tampoco existe base para unir aquellos restos con la posterior leyenda del rey y su hija.

Lo que es seguro es que, miles de años antes de que alguien dibujara el primer plano de la cueva, otros seres humanos habían penetrado ya en su interior. Desconocemos qué buscaban allí o qué significado otorgaban a aquel espacio.

Una historia al margen del Camino

El peregrino que llega hoy a Mondoñedo está recorriendo uno de los grandes itinerarios históricos del norte de la península. Desde la ciudad, la Cova do Rei Cintolo se encuentra en Argomoso y requiere que el caminante se desvíe adrede para visitarla.

Indudablemente, la leyenda del Rei Cintolo conecta con la intrahistoria profunda que hace tan atractivo el paisaje gallego. El Camino atraviesa un territorio que ya posee sus propios relatos, algunos religiosos, otros históricos, fantásticos, familiares o locales. Caminar significa también entrar en contacto con ellos.

Queda todavía mucho por saber de Rei Cintolo. Los espeleólogos siguen perfeccionando el mapa físico de la cavidad. Los investigadores del folklore podrían algún día reconstruir con mayor precisión el mapa de su leyenda: averiguar cuándo apareció por primera vez el nombre de Manfada, en qué momento entró Tuba de Oretón en la historia o qué versión escuchaban los habitantes de la zona hace un siglo.

Son, en cierto modo, dos mapas todavía incompletos: uno hecho de galerías, roca y agua; el otro, de nombres, recuerdos y versiones. Sobre ambos discurre un tercer camino, el que atraviesa Mondoñedo rumbo a Santiago, por el que generaciones de peregrinos han atravesado durante siglos no sólo sus parajes, sino también sus relatos.

 

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