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Mil años de mulujía: la planta que muestra el corazón de Egipto

El plato tradicional egipcio mulujía, se sirve con arroz, pollo y pan de pita. Dina Saeed - Shutterstock
El plato tradicional egipcio mulujía, se sirve con arroz, pollo y pan de pita. Dina Saeed - Shutterstock

En una casa egipcia, el momento culminante de la preparación de la mulujía llega con un chisporroteo repentino. El cocinero toma una sartén llena de ajo y cilantro fritos en grasa caliente y vierte su contenido aromático sobre la sopa verde hirviendo. Durante un instante, la cocina se llena de vapor, perfume y sonido

En muchas familias egipcias, ese gesto va acompañado de una exclamación teatral, un suspiro exagerado o una reacción casi ritual. Es una pequeña ceremonia doméstica transmitida de generación en generación, especialmente en las casas del delta del Nilo, en los callejones de El Cairo y en las cocinas de Alejandría. Antes incluso del plato, llega el gesto. Es ese instante el que consagra la preparación.

La mulujía, conocida científicamente como Corchorus olitorius, es una planta que parece hecha para el calor egipcio. Germina cuando la tierra alcanza unos 21 grados centígrados y está lista para la primera cosecha entre 60 y 70 días después. El tallo crece recto hacia el sol. Las pequeñas hojas puntiagudas capturan la luz y se alimentan del calor húmedo del Nilo.

En el delta del Nilo, donde las pequeñas explotaciones agrícolas siguen dominando el paisaje, la mulujía crece junto a tomates, quingombó (okra) y cilantro fresco. Las grandes propiedades suelen dedicar sus tierras al algodón o a los cereales; las pequeñas granjas cultivan, sobre todo, las verduras que sostienen la cocina cotidiana egipcia.

Los agricultores siembran en primavera, cuando el frío ya ha desaparecido. Para disponer de hojas frescas durante todo el verano, realizan nuevas siembras cada dos o cuatro semanas. El primer corte llega cuando la planta alcanza unos sesenta centímetros de altura. Los campesinos recogen las partes superiores más tiernas y dejan que el tallo vuelva a ramificarse. Una sola planta puede cosecharse varias veces a lo largo de la temporada.

Durante generaciones, las mujeres egipcias aprendieron a reconocer el momento exacto de la recolección observando a madres y abuelas. Era un conocimiento transmitido sin necesidad de palabras.

El califa que intentó prohibirla

La historia, que casi todos los egipcios conocen, se remonta a comienzos del siglo XI. El sexto califa fatimí, al-Hákim bi-Amr Allah, subió al trono con apenas once años y gobernó Egipto entre 996 y 1021. Las crónicas medievales lo describen como un gobernante imprevisible y controvertido. Entre las numerosas prohibiciones dictadas durante su reinado, hubo una que afectó directamente a la mulujía.

Según varias fuentes medievales, en el año 1004 el califa prohibió su consumo y su venta. El historiador al-Maqrizi relata que algunas personas fueron castigadas públicamente por seguir vendiéndola en los mercados de El Cairo. Las razones exactas siguen siendo inciertas. Una de las interpretaciones más extendidas sostiene que la mulujía estaba asociada simbólicamente al califa suní Muawiya, fundador de la dinastía omeya y rival histórico de los fatimíes chiíes.

Con el tiempo surgieron también leyendas populares. Una de ellas cuenta que al-Hákim habría mandado ejecutar a un hombre apodado “Mulujía”, aunque los historiadores consideran que esta historia pertenece más al folclore que a la documentación histórica.

En 1021, al-Hákim desapareció misteriosamente durante una cabalgata nocturna por las colinas de Mokattam. Su cuerpo nunca fue encontrado. Algunas tradiciones drusas asociaron históricamente el rechazo de la mulujía con la veneración del califa. En Egipto, sin embargo, la planta regresó rápidamente a las mesas. La prohibición duró apenas unos años. La tradición lleva casi mil.

 

Molokheya leaves for sale at a market
Hojas de mulujia a la venta en un mercado

El tasha: el corazón de la cocina egipcia

En toda cocina egipcia existe una técnica llamada ta’leya o ta’sha: ajo y cilantro se fríen en ghee hirviendo —mantequilla clarificada— y luego se vierten sobre un plato ya caliente. El calor intenso libera los aromas del cilantro y suaviza el ajo hasta volverlo dorado y fragante.

La mulujía recibe este tratamiento justo al final de la cocción. Es precisamente el contacto entre el tasha hirviendo y la sopa verde lo que produce el característico chisporroteo que llena la cocina.

En muchas familias egipcias existen incluso bromas y pequeñas tradiciones humorísticas relacionadas con este momento. Algunas abuelas sostienen que basta observar cómo alguien hace el tasha para saber si realmente sabe cocinar. Es una forma de ironía doméstica, pero también una manera afectuosa de transmitir una tradición.

Egipto en un plato: las variaciones regionales

Egipto no cocina la mulujía de una sola forma. La receta cambia siguiendo la geografía del país. En Alejandría, junto al Mediterráneo, muchas familias la preparan con gambas. El sabor del mar se mezcla con la textura aterciopelada de la sopa verde.

En el delta del Nilo y en el Alto Egipto predominan, en cambio, las versiones con aves: pollo, pato y especialmente conejo. El conejo suele considerarse la combinación más refinada y tradicional, aunque hoy aparece con menos frecuencia en las mesas diarias.

En Naga al-Aqarba, un pueblo cercano a Luxor, existe una tradición particular vinculada al Mawlid, la celebración del nacimiento del Profeta. Durante esa festividad se preparan grandes ollas de mulujía nashfa, elaborada con hojas secadas al sol. El plato se distribuye entre los habitantes del pueblo junto con carne, transformando la comida en un gesto colectivo de hospitalidad y solidaridad.

Uno de los ancianos del pueblo lo resume así: “Heredamos esta tradición de nuestros antepasados. Cada año preparaban la mulujía nashfa y la repartían entre las familias del pueblo. Nosotros seguimos haciéndolo hoy.” En ese contexto, la mulujía deja de ser solo alimento. Se convierte en memoria compartida.

La receta egipcia tradicional

Ingredientes (para 4 personas)

500 gramos de hojas frescas de mulujía (o 200 gramos congeladas)
1,5 litros de caldo de pollo ya salado
Un pollo entero previamente hervido en el caldo
8-10 dientes de ajo machacados y picados finamente
1 cucharada de semillas de cilantro recién molidas
2 hojas de laurel
2-3 cucharadas de ghee (mantequilla clarificada) o aceite
Sal y pimienta negra
Arroz blanco con fideos tostados y pan pita para acompañar

Preparación

Las hojas frescas deben separarse pacientemente de los tallos, conservando solo las partes más tiernas. Después se colocan sobre una tabla y se pican muy finamente con un cuchillo afilado y movimientos rápidos y rítmicos. La textura final debe convertirse en una pasta vegetal muy fina. Tradicionalmente se utiliza una media luna, la hoja curva que oscila rápidamente bajo ambas manos.
Lleva el caldo de pollo a ebullición en una olla grande. Añade las hojas de laurel, sal y pimienta.
Cuando el caldo hierva, baja el fuego a intensidad media-suave e incorpora la mulujía picada. Remueve con delicadeza para evitar grumos. Durante la cocción, las hojas liberan las sustancias naturales que dan a la sopa su textura aterciopelada y ligeramente viscosa. Cocina unos 15-20 minutos a fuego suave.
En una sartén aparte, calienta el ghee a fuego medio-alto. Añade el cilantro molido y deja que desprenda su aroma durante unos segundos. Incorpora el ajo picado y dóralo ligeramente, sin dejar que se oscurezca.
Levanta la sartén y vierte el tasha directamente dentro de la olla de mulujía hirviendo. El chisporroteo llenará la cocina del aroma característico de la cocina egipcia.
Remueve suavemente. Prueba y corrige de sal.
Sirve en cuencos hondos junto al arroz blanco con fideos tostados y los trozos de pollo hervido. El pan pita caliente se rompe con las manos y se utiliza para recoger la sopa. Algunas familias añaden también zumo de limón fresco o cebolla roja encurtida.

La mulujía como lenguaje egipcio

En muchas casas egipcias, el primer gesto de amor pasa por la comida. Foul y taameya los viernes por la mañana, mulujía en las grandes azouma familiares, feteer meshaltet durante las celebraciones: cada plato cuenta una historia de tradición, comunidad y memoria doméstica.

Los viernes, después de la oración, muchas familias se reúnen para almorzar. La mulujía suele ocupar un lugar central en esas mesas. Los niños aprenden a reconocer su aroma desde las escaleras del edificio. Los mayores encuentran en ella el sabor de la infancia.

En Egipto, la mulujía cultivada en el fértil valle del Nilo es un alimento accesible y nutritivo. Rica en vitamina K, vitamina C, hierro, calcio y antioxidantes, sigue ocupando un lugar fundamental en la alimentación diaria.

Los egipcios de la diáspora la buscan allí donde viven. La encuentran congelada en supermercados árabes de Londres, París o Nueva York. Piden a familiares que la lleven desde El Cairo en las maletas. La cocinan en cocinas extranjeras cuando la nostalgia se vuelve demasiado intensa.

Una mujer egipcia que vive en Washington contaba hace poco que había preparado mulujía y enviado una foto a su madre, que sigue viviendo en El Cairo. La respuesta llegó enseguida: “¡Pero se te ha caído!” Quería decir: la textura está mal, las hojas son demasiado grandes, el caldo demasiado líquido. La hija se echó a reír. No la cocinaba buscando perfección técnica. La cocinaba por el aroma del tasha llenando la cocina. Por el gesto aprendido de niña. Para sentirse todavía en casa.

Egipto ha atravesado invasiones, dinastías, prohibiciones y revoluciones. Y, sin embargo, una sencilla planta verde ha permanecido en las mesas del país, en las ollas y en la memoria de las familias.

La mulujía es una de las voces más íntimas de Egipto: una voz que sabe a hogar, raíces y memoria, y que sigue calentando el corazón de quienes la preparan y de quienes la comparten.

 

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