En el mundo del Camino de Santiago, el Inglés o De Los Ingleses está ganando terreno. Solo en 2024, más de 28.000 personas lo recorrieron, consolidándolo como la cuarta ruta más elegida por los peregrinos. Es un camino que ha pasado mucho tiempo en segundo plano, pero que ahora está viviendo una nueva etapa de vitalidad.
¿Por qué este auge? Por varias razones: es más corto que otros caminos (unos cinco o seis días a pie), tiene buena señalización, cuenta con albergues suficientes y no está masificado. Pero sobre todo, porque guarda una historia fascinante y poco conocida que empieza mucho más allá de Galicia. Entre valles boscosos y rías profundas, castillos para defenderse de los piratas vikingos y castros olvidados, la experiencia no defrauda.
Una ruta que empieza en el mar
Lo más curioso del Camino Inglés es que, en cierto modo, no empieza en España, sino en el norte de Europa. Durante la Edad Media, miles de peregrinos embarcaban en puertos como Dublín, Bristol o Hamburgo y navegaban hasta Galicia para caminar desde allí hasta la tumba del Apóstol.
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Sus puntos de llegada eran principalmente Ferrol y A Coruña, que hoy siguen siendo los dos puntos oficiales de inicio de esta ruta. El nombre de “Camino Inglés” no es simbólico: refleja una práctica real y frecuente de peregrinación procedente de las Islas Británicas que dejó huella en iglesias, hospitales y puertos del litoral gallego.
Hoy en día, esa parte marítima ya no se hace, pero no se ha olvidado. En lugares como Dublín o Durham se están señalizando puntos históricos del Camino Inglés con mojones jacobeos y esculturas de Santiago, como parte de un esfuerzo por recuperar la memoria compartida entre Galicia y las Islas Británicas.
Puertos, faros y ciudades medievales
A Coruña fue durante siglos una puerta atlántica a Compostela. Peregrinos del norte de Europa llegaban atraídos por la fama del Apóstol, guiados por el faro romano de la Torre de Hércules, el más antiguo del mundo aún en funcionamiento.
También Ferrol tuvo su importancia, no solo como puerto militar, sino como punto de llegada de embarcaciones extranjeras. Desde allí, los peregrinos caminaban hacia el interior, pasando por villas gallegas con mucha historia, como Pontedeume, Miño, Betanzos o Hospital de Bruma, donde convergen las dos rutas actuales.
A lo largo del camino quedan restos de aquella época: iglesias románicas, castillos medievales, hospitales de peregrinos y puentes centenarios. Caminar el Camino Inglés es también abrir una puerta sensorial al pasado.
Dos puntos de partida, un mismo destino
Actualmente, el Camino Inglés se puede comenzar en Ferrol (113 km) o en A Coruña (75 km). Ambos itinerarios se unen en Hospital de Bruma, y desde ahí siguen el mismo trazado hasta Santiago.
- Desde Ferrol:
Es la opción más habitual, ya que supera los 100 km necesarios para obtener la Compostela. La ruta atraviesa la ría de Ferrol, sigue hacia Pontedeume (con su bonito puente sobre el Eume), pasa por Betanzos —una de las ciudades medievales mejor conservadas de Galicia— y asciende hasta Bruma.
Aunque suponga un día extra de camino, vale la pena recorrer el parque natural de las Fragas do Eume, el bosque atlántico mejor conservado de Europa, y el antiguo monasterio medieval de Caaveiro.
- Desde A Coruña:
Más corta y menos exigente, esta variante sigue caminos rurales por Cambre, Carral y Culleredo, ofreciendo un paisaje tranquilo y poco transitado. Aunque no da derecho a recibir la compostelana sin hacer un tramo adicional hasta completar los 100 km,, sí se puede obtener un certificado alternativo.
Las etapas finales desde Bruma hasta Santiago cruzan zonas rurales como Ordes o Sigüeiro, con paisajes verdes, bosques de eucaliptos y pequeñas aldeas gallegas donde se respira calma.
¿Cuándo recorrerlo?
El Camino Inglés puede hacerse en cualquier época del año, aunque la primavera y el otoño son ideales por el clima suave y los paisajes. A diferencia de otras rutas, no está saturado en verano, así que también es una buena opción en julio y agosto.
La mayoría de los peregrinos lo recorren en 5 a 6 días desde Ferrol, o en 3 a 4 días desde A Coruña. Las etapas no son excesivamente largas, aunque hay algunas con cuestas notables, especialmente entre Betanzos y Bruma.
La infraestructura es buena: albergues públicos y privados, bares, tiendas, señalización clara, transporte para acceder a los puntos de inicio y volver desde Santiago. Todo lo necesario para caminar sin complicaciones.
Una ruta con sabor atlántico
Para quienes buscan el componente espiritual, el camino sigue conservando esa dimensión interior que caracteriza a las rutas jacobeas. Es más recogido, más pausado, más propicio a la reflexión. Muchas personas lo eligen como primer contacto con la peregrinación, y acaban repitiendo.
El Camino Inglés no es solo un camino, sino una historia que se camina. La historia de los pueblos del norte que cruzaban el mar para abrazar al Apóstol. La historia de las villas gallegas que los acogían. La historia de quienes hoy siguen sus pasos con otros zapatos, pero con las mismas ganas de llegar.
Caminarlo es descubrir otra Galicia: la que mira al mar, la que guarda iglesias entre bosques, la que se expresa en hospitalidad más que en palabras. Y sobre todo, es redescubrir el sentido de caminar, no solo hacia un lugar, sino hacia uno mismo.

