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El famoso episodio de san Pablo y la serpiente Laurent de la Hyre - Public Domain

Naufragio en tierra sagrada: Así Malta se convirtió en la isla-refugio de San Pablo

Un naufragio, una mordedura de serpiente y una curación. La llegada de San Pablo a Malta encaja en uno de los relatos más antiguos y universales de la historia religiosa: el del viajero que alcanza una tierra desconocida y la transforma para siempre.

Existe una figura recurrente en la tradición cristiana: la del santo que llega a una costa, una montaña o una frontera y neutraliza el poder de las serpientes. El ejemplo más conocido es probablemente San Patricio, a quien una tradición medieval atribuye la expulsión de todas las serpientes de Irlanda tras cuarenta días de ayuno en una montaña. En realidad, Irlanda no alberga serpientes autóctonas desde la última glaciación, por lo que los historiadores interpretan el relato como una alegoría. La serpiente representa las fuerzas del mal o las antiguas creencias paganas desplazadas por el cristianismo.

La versión maltesa de esta historia es más antigua, más concreta y cuenta además con un testigo presencial. Su relato aparece en los Hechos de los Apóstoles y fue escrito por Lucas, quien viajó junto a Pablo.

El naufragio

La historia comienza en el capítulo 27 de los Hechos, uno de los relatos marítimos más detallados que han llegado desde la Antigüedad. Pablo viaja como prisionero rumbo a Roma para ser juzgado. Navega bajo custodia romana en un barco cargado de grano procedente de Alejandría. Desde el principio, la travesía se complica. Contra el consejo del apóstol, el capitán zarpa de Creta demasiado tarde en la temporada de navegación.

Pocos días después, la embarcación queda atrapada por un violento temporal del nordeste, el temido Euroaquilón que los marinos mediterráneos conocían bien. Durante dos semanas, la tripulación navega a la deriva sin ver ni el sol ni las estrellas. Arrojan al mar parte de la carga y del aparejo. Toda esperanza de supervivencia parece perdida.

Entonces, en plena noche, los marineros detectan que se acercan a tierra. Al amanecer descubren una bahía con una playa e intentan embarrancar el barco. La proa queda encallada mientras la popa comienza a deshacerse bajo el embate de las olas.

Los soldados quieren matar a los prisioneros para evitar fugas, pero el centurión, que ha aprendido a confiar en Pablo, se lo impide. Finalmente, las 276 personas a bordo logran llegar a tierra. Algunos nadan. Otros se aferran a tablas y restos del naufragio. Han llegado a una isla cuyo nombre aún desconocen.

 

How St Paul’s shipwreck changed Malta

El fuego y la víbora

Los habitantes de la isla reciben a los supervivientes con hospitalidad. Bajo la lluvia y el frío, encienden una gran hoguera para calentarlos. Pablo, fiel a su carácter, no permanece al margen. Recoge ramas para alimentar el fuego. Entonces ocurre el episodio que marcará para siempre la memoria cristiana de Malta.

Una víbora, expulsada por el calor de las llamas, sale de entre la leña y se aferra a su mano. Los isleños observan la escena y llegan rápidamente a una conclusión. Aquel hombre debía de ser un criminal. Había escapado del mar, pero la justicia divina estaba completando su castigo.

La lógica era pagana, pero perfectamente comprensible: dos desgracias consecutivas —un naufragio y una mordedura mortal— no podían ser casualidad. Sin embargo, Pablo simplemente sacude la serpiente y la arroja al fuego. No se hincha. No cae muerto. No muestra ningún síntoma.

Después de observarlo durante largo rato, los habitantes de la isla cambian completamente de opinión. Si la mordedura no le ha afectado, concluyen, aquel hombre debe de poseer una protección extraordinaria.

Lucas narra el episodio con una sorprendente sobriedad. No describe oraciones dramáticas ni enfrentamientos espectaculares. Solo un gesto sencillo: una serpiente que cae al fuego y un hombre que sigue caminando. Quizá por eso el relato resulta aún más poderoso.

Publio y la curación

Cerca del lugar del naufragio se encontraba la propiedad de Publio, el principal magistrado de la isla. Lucas lo denomina prōtos, un título cuya autenticidad fue confirmada siglos después por hallazgos arqueológicos en Malta. La tradición cristiana sostiene que Publio se convertiría más tarde en el primer obispo de la isla.

Su padre se encontraba gravemente enfermo, afectado por fiebre y disentería. Pablo acudió a visitarlo. Rezó por él, le impuso las manos y lo curó. La noticia se extendió rápidamente. Otros enfermos comenzaron a acudir hasta él y también fueron sanados.

El patrón vuelve a repetirse: aquello que parecía una desgracia termina convirtiéndose en una fuente de gracia. Un naufragio trae esperanza. Un prisionero trae curación. Una mordedura de serpiente termina revelando protección divina.

Pablo permanecería tres meses en Malta antes de continuar su viaje hacia Roma.

 

Malta and the pauline sea: Saint Publius in a Mediterranean circuit

La serpiente bajo la superficie

La comparación con San Patricio resulta reveladora precisamente porque las historias no son idénticas. Las serpientes de Irlanda pertenecen al ámbito de la leyenda y el simbolismo. La víbora de Malta aparece en cambio en un relato histórico escrito por un testigo presencial y con el nivel de detalle de un cuaderno de navegación.

Sin embargo, ambas historias comparten una misma estructura profunda. La llegada del Evangelio a un nuevo territorio queda simbolizada por una serpiente que pierde su poder. Desde el Génesis, la serpiente representa aquello que amenaza, engaña y destruye. Que su mordedura resulte inofensiva significa que algo ha cambiado en el orden espiritual de ese lugar.

Una isla marcada por la memoria de Pablo

En Malta, esta historia sigue inscrita en el paisaje. La bahía donde la tradición sitúa el naufragio lleva hoy el nombre de San Pablo. La gruta donde se cree que permaneció durante aquellos tres meses es uno de los principales lugares de peregrinación del archipiélago.

La antigua Melita —nombre que suele relacionarse con la miel o con la idea de refugio— se convirtió precisamente en eso: un refugio. Un lugar donde una víbora no logró hacer daño, donde un enfermo recuperó la salud y donde el cristianismo encontró uno de sus primeros hogares mediterráneos.

Quien visita Malta hoy recorre la misma tierra que caminaron Lucas y Pablo. La fe que, según la tradición, curó al padre de Publio sigue viva en una isla que alberga más de 350 iglesias en apenas 27 kilómetros de longitud. Hay cosas que ni siquiera un naufragio consigue borrar.

Peregrinatio Sancti Pauli AD 60: caminar tras los pasos del Apóstol

La historia narrada en los Hechos de los Apóstoles no es solo algo que pueda leerse. En Malta también puede recorrerse a pie. La Peregrinatio Sancti Pauli AD 60 fue desarrollada por XirCammini, organización voluntaria sin ánimo de lucro y de carácter no confesional, en colaboración con la Autoridad de Turismo de Malta y Heritage Malta.

Su objetivo no es crear una ruta temática inspirada en Pablo, sino reconstruir, en la medida de lo posible, la geografía real de los tres meses que el apóstol pasó en la isla. El itinerario atraviesa la bahía de San Pablo, frente a los islotes donde la tradición sitúa el naufragio; la iglesia de San Pawl tal-Ħġejjeġ; San Pawl Milqi, asociado al encuentro con Publio y la curación de su padre; las capillas de Naxxar y Mosta; Mdina, donde se alza la Catedral Metropolitana de San Pablo; y la Gruta de San Pablo en Rabat, donde la tradición sitúa su estancia y predicación.

Uno de los lugares más singulares del recorrido es Għajn Rażul, la Fuente del Profeta. Según la tradición, Pablo hizo brotar agua allí. El propio nombre conserva una raíz semítica —rażul, «profeta»— que conecta la memoria cristiana con la identidad más antigua de Malta.

Peregrinatio Sancti Pauli 60AD

Malta, punto de partida de otros caminos

La peregrinación puede completarse en uno o dos días. Quienes dispongan de más tiempo pueden prolongarla hasta La Valeta, visitando la Colegiata del Naufragio de San Pablo y la Pro-Catedral Anglicana de San Pablo, un recordatorio de cómo distintas tradiciones cristianas encuentran en el apóstol una figura común.

Para quienes desean seguir caminando, el Camino Maltés ofrece una ruta de unos 35 kilómetros que conecta la Gruta de San Pablo con Fort St. Angelo, en Birgu. Desde allí comienza un itinerario internacional que continúa por Sicilia y Cerdeña rumbo a Santiago de Compostela.

Malta, en otras palabras, no es solo un destino de peregrinación. También es un lugar desde el que partir.

Planifica tu camino

La Peregrinatio Sancti Pauli Apostoli AD 60 está abierta a peregrinos, viajeros y a cualquier persona interesada en conocer la historia de una fe que llegó a Malta en una mañana lluviosa del siglo I.

XirCammini ofrece orientación y apoyo para recorrer el itinerario, tanto a personas individuales como a grupos.

Más información: sanctipauli.mt o [email protected]

Para organizar tu viaje y descubrir otras rutas de peregrinación en Malta: visitmalta.com

Este contenido se te. ofrece en colaboración con VisitMalta

Entrada también disponible en: English

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