Frente a la costa norte de Malta, a poca distancia de Selmun y la bahía de Mellieħa, dos pequeñas masas rocosas emergen del Mediterráneo. Conocidas colectivamente como los islotes de San Pablo, forman uno de los hitos costeros más reconocibles del archipiélago. Aunque de tamaño modesto y hoy deshabitados, estos islotes concentran capas de historia, infraestructuras costeras y actividad marítima contemporánea en un entorno compacto y accesible.
Para quienes recorren las rutas culturales de Malta, los islotes de San Pablo ofrecen una parada distinta: menos monumental que los grandes enclaves urbanos, pero profundamente conectada tanto con la memoria histórica como con los usos actuales del mar.
Geografía y acceso
Los islotes se componen de dos partes principales —conocidas como Selmunett (la mayor) y una roca más pequeña adyacente— separadas por un estrecho canal. En condiciones de mar en calma, la separación parece mínima, reforzando la impresión de un único territorio fragmentado.
No existe un servicio regular de ferry hacia los islotes. La mayoría de los visitantes los contempla desde la costa, especialmente desde la zona de Selmun, o se aproxima en embarcaciones privadas, kayak o excursiones organizadas. Su proximidad a tierra los convierte en un punto de referencia habitual para la navegación costera y el ocio marítimo.
A pesar de su cercanía, el desembarco no siempre es sencillo debido a los bordes rocosos y a las condiciones cambiantes del mar. Los islotes permanecen prácticamente intactos, sin infraestructuras permanentes.
Capas históricas: De la Antigüedad a la defensa costera
La asociación de los islotes con el naufragio del apóstol Pablo ha marcado su nombre y su relevancia cultural, integrándolos en las tradiciones de viaje del Mediterráneo. Con el tiempo, sin embargo, adquirieron también una importancia práctica.
En el siglo XVII se construyó en el islote mayor una torre de vigilancia costera —la torre de Lascaris— como parte de una red defensiva más amplia en Malta. Levantada durante la época de la Orden de San Juan, formaba parte de un sistema de alerta temprana frente a incursiones corsarias y amenazas marítimas.
Hoy todavía se conservan los restos de la torre, aunque parcialmente en ruinas. Su presencia demuestra cómo incluso los puntos más pequeños del litoral estaban integrados en un sistema más amplio de vigilancia y comunicación.
Las evidencias arqueológicas sugieren además que los islotes no siempre estuvieron completamente deshabitados. En épocas anteriores acogieron una presencia humana limitada, probablemente estacional o funcional, vinculada a actividades agrícolas o marítimas. Un uso intermitente que contrasta con su estado actual.
Un paisaje marítimo en uso
En la Malta contemporánea, las aguas que rodean los islotes de San Pablo están lejos de ser remotas. Uno de los elementos más visibles es la presencia de granjas de atún en mar abierto. Estas grandes estructuras circulares, ancladas en aguas profundas, forman parte de la industria acuícola maltesa, que ha crecido notablemente en las últimas décadas.
Para el visitante, estas instalaciones añaden una capa moderna al paisaje marino. Reflejan el uso económico del espacio marítimo, conviviendo con actividades recreativas y turísticas. Las embarcaciones que navegan por la zona suelen pasar cerca de ellas, ofreciendo una visión directa de una actividad que se desarrolla lejos de la costa.
Buceo y exploración costera
El fondo marino alrededor de los islotes ha ganado reconocimiento entre los aficionados al buceo. La combinación de formaciones rocosas, aguas claras y escaso desarrollo costero favorece una excelente visibilidad.
Los puntos de inmersión presentan arrecifes, caídas verticales y fauna típica del Mediterráneo central. Aunque menos conocidos que algunos de los grandes pecios de Malta, los islotes ofrecen una alternativa más tranquila para quienes buscan entornos naturales submarinos.
El snorkel también es posible en condiciones favorables, especialmente en las zonas más resguardadas. Como siempre, se recomienda contar con asesoramiento local debido a las corrientes y a los cambios en el estado del mar.

Un referente visual
Incluso sin acercarse por mar, los islotes de San Pablo actúan como un punto de referencia visual en la costa norte de Malta. Desde miradores cercanos al palacio de Selmun o a lo largo de la costa de Mellieħa, se perfilan como un punto fijo en el horizonte abierto.
En el islote mayor se alza una estatua del apóstol Pablo, instalada en el siglo XIX. Visible desde la distancia, refuerza la identidad cultural del lugar y contribuye a su silueta característica.
El paisaje circundante —vegetación baja, roca expuesta y mar abierto— genera una sensación de amplitud más que de densidad. Los cambios estacionales transforman sus tonos, del verde en los meses más frescos a los ocres del verano.
Consideraciones prácticas para la visita
Quienes incluyan los islotes de San Pablo en su itinerario deben tener en cuenta que la experiencia es principalmente contemplativa, salvo acceso por mar:
Mejores vistas: desde Selmun y Mellieħa
Acceso en barco: mediante alquiler privado o excursiones organizadas, según el tiempo
Estado del mar: variable; conviene informarse previamente
Sin servicios: no hay infraestructuras, sombra ni instalaciones
Buceo: a través de operadores autorizados
Por estas razones, los islotes se disfrutan mejor como parte de una exploración costera más amplia.
Entre aislamiento y conexión
Los islotes de San Pablo ilustran un patrón recurrente del Mediterráneo: espacios pequeños y aparentemente periféricos que, sin embargo, están profundamente conectados con redes más amplias —históricas, económicas y culturales—.
Desde su ocupación en épocas antiguas hasta su papel defensivo, desde su simbolismo religioso hasta su uso actual en la acuicultura y el buceo, estos islotes nunca han estado realmente aislados.
Hoy permanecen deshabitados, pero no abandonados. Su valor reside precisamente en ese equilibrio: un lugar sin población permanente, pero con una relevancia continua.
Para quienes recorren Malta —ya sea desde la historia, el paisaje o la experiencia—, los islotes ofrecen un encuentro conciso con la relación profunda entre la isla y el mar.
Este contenido se presenta en colaboración con VisitMalta

